el tiempo

Conversación con una inmigrante

Normalmente cuando se está en alguna cola o espera de algo se hacen pensamientos profundos, se visualiza alrededor, se espía en la música o se interna la mente en el libro de turno. Naturalmente todo dependerá de los gustos de cada persona, como me gusta conversar a veces trato de hacer conversación sin parecer molesto. Hoy en el banco mientras esperaba por mi turno había una señora que me buscó un poco de conversación y me indicó el requerimiento de ella en el banco, a lo largo de 15 minutos tuvimos ciertas palabras sobre la política del banco y si era buena idea tener cuenta en él. Al terminar esta conversación noto un acento un poco extraño y me atrevo a preguntar.

-¿Es usted española?

-No, soy colombiana -respondió -vine a Venezuela hace muchos años.

-Vaya, excelente, ¿hace cuánto que está por este hermoso país?

-Pues, ha pasado un tiempo, estoy desde el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979).

-Ya veo, bueno, me pregunto, ¿qué tal ha visto la situación del país?, puesto que ha pasado ya por muchos años y muchos gobiernos distintos, además, según algunos artículos de periódicos y comentarios de otras personas Venezuela para la época estaba en un excelente estado, ¿qué me puede decir usted de eso?

Pensó por un momento, y al final de una mirada profunda y una sonrisa que se marcó un poco en su rostro solo respondió:

-Regresivo.

-Comprendo. ¿La situación actual de su país natal, como me había comentado era Colombia, qué tal la visualiza para el momento?

-Progresando. Llegué de Colombia incluso este lunes, estuve un tiempo en Bogotá con mi esposo que está allá -hizo una seña con el dedo a un señor mayor de lentes y con poco cabello -. Mi esposo se ha quedado impresionado de cómo Colombia está por un momento parecido al que Venezuela estaba en el tiempo que nosotros llamamos “de oro”, donde todo aquí era excelente. Mientras Colombia ha ido progresando, Venezuela ha ido decayendo. Poco a poco. Pasando por un Gobierno peor que el otro y terminando en el desastre que estamos ahora.

-¿Usted vota?

-No, no puedo votar. Tampoco en mi país. No tengo la nacionalidad venezolana, nunca la he pedido.

-Es una lástima, una ciudadana que aporta cosas a nuestro país debería poder elegir quién gobierna.

-¿Estudias?

-Sí, estudio.

-¿Dónde?

-Estudio en la Universidad Central de Venezuela, acabo de empezar. ¿Sabe usted cuál es?

-Sí, por supuesto. Tú como estudiante, ¿cómo ves el apoyo de este gobierno a este sector?

-Sinceramente, tal vez no sepa del todo de un tema un poco completo, sin embargo sé que el apoyo no es bueno. Puedo hablar desde muchos aspectos, desde apoyo económico, importancia y relevancia social y política y por supuesto el tema de la inseguridad. Además,  la creación de las universidades “políticas” que este Gobierno ha venido haciendo están destruyendo el esfuerzo y ganas de luchar de muchos venezolanos. No es posible que por ejemplo, un médico graduado en la UCV gane una miseria estudiando más de 8 años y un “médico” graduado en la UBV gane más estudiando menos. Preparándose menos. No puede ser posible una falta de respeto tan semejante, podríamos incluso hablar del apoyo económico en cuanto a los estudiantes que piden becas en mi universidad. Una miseria, cuando la vida en la ciudad está tan cara. Naturalmente, apoyo la creación de más universidades pero autónomas. Las personas creen que por la creación de otra universidad todos estudian gracias al creador de la misma, sin darse cuenta que por lo menos en nuestro país tenemos un privilegio: TODOS podemos entrar en una universidad, el único requisito es estudiar, prepararse. Tal vez los exámenes de ingreso a la universidad no sean tan sencillos y por supuesto apoyo la creación de más universidades, más campus y ampliación tal vez de las actuales, más carreras y más mercados donde ejercer. No apoyo, por ejemplo, en Estados Unidos que para estudiar debes tener dinero, porque las universidades son muy costosas, pero en nuestro país que para ingresar a la universidad solo debes pasar un examen por lo menos que tengan la dignidad de estudiar, es difícil, puede ser. Pero si estudias no creo que tengas problemas alguno con esto, si se crearan más universidades habría más oportunidades, si se respetaran los títulos universitarios, si el esfuerzo que pusiste le vieras resultados todos quisieran estar en las universidades, si el apoyo del Gobierno fuera 100% con las universidades tendríamos profesionales más preparados, eso nos daría una ventaja enorme ante el mundo, en cuanto al crecimiento y desarrollo de Venezuela se refiere, ¿y es que para eso estudiamos, no? Para desarrollo personal y el de los nuestros, familia, amigos, país, desconocido. Todo el que quiera progresar debería tener las oportunidades para hacerlo, y para esto es que trabajamos ahora (por lo menos yo), me gustaría ver un país con igualdad de oportunidades.

-Y es que el futuro está en manos de ustedes, los jóvenes, los que desean luchar, tal vez pasen 30 años para que el país termine de surgir pero empezando ahora es el camino. No podemos estar entre las divisiones políticas. Venezuela tiene un problema grave económico, político…

-…social.

-…sí, social, el gran problema social. Aquí las personas no quieren trabajar. Lamentablemente, la estrategia de todo gobierno como éste es ahuyentar a las personas que desean trabajar, que tienen cómo dirigir, cómo progresar, que están preparadas y son personas que pueden impulsar, que pueden convencer que el progreso es posible con el trabajo de todos. La estrategia es dejar a, aunque suene feo, los más flojos en el país para poder tener control total. Este gobierno desea controlarlo todo, quiere tener todo en sus manos y entre sus cuerdas. Ustedes son el futuro, deben luchar y no rendirse, no veas irte como una opción. Intenta luchar, sigue luchando, sé que pueden sacar este país adelante, porque ya nosotros estamos retirados, nos queda solo confiar. No pienses como los demás, de hoy y mañana, recuerda que hay un futuro, uno grande, donde hay más personas que tú. Entiendo mucho tu dolor y entiendo tal vez cómo te sientes. Pero irse no es la opción correcta, luchar sí la es.

-Sí, comprendo. Lo que sucede es que viajando nos damos cuenta de muchas cosas, soy un chamo, quiero vivir tranquilo. Quiero poder estar en la calle caminando mientras hablo con mis amigos, mientras salgo con mi novia, tomar un paseo en la noche, poder salir en la tarde a almorzar con mis padres y poder estar en la calle tranquilo. No con ese miedo que nos vuelve paranoicos de que algo nos podrá pasar, ya no es cuestión de perder pertenencias, ahora es cuestión de perder la vida. Debemos correr para todos lados, no podemos caminar por pasear, eso en este país no es posible. Queremos oportunidades de surgimiento, ayuda en nuestras materias, en nuestras carreras. Vidas universitarias tranquilas. Queremos paz. Lo que más pedimos hoy, es paz. ¿Cómo es posible la paz con un Gobierno que lo único que le importa es estar atado al poder? Entiendo que no podemos irnos, que debemos luchar, si nos vamos todo seguirá igual, quedándonos podemos hacer un cambio. Se debe luchar desde el lugar del conflicto, es solo que hay un momento en el que te cansas y te dices: ¡quiero una vida normal, por favor! ¡Quiero disfrutar de mi juventud!

-Entiendo, pero entiende ahora, si te vas… ¿quién quedará? Si cada persona como tú, que quiere luchar se va, ¿quiénes quedan?

Sonó mi número en la fila del banco y era hora de retirarme, sin embargo, las últimas palabras que me dijo antes de despedirnos fueron:

-Cuando quería irme de mi país, Venezuela era un paraíso… Caracas era la sucursal del cielo… ahora solo es la sucursal del basurero. Cuanto me hubiera gustado que vivieras esos momentos, hijo, volverán, pero solo si luchas. Lucha para que vuelvan, cuando vuelvan tal vez sean 30 años después, ya tendrás tus ideales claros y tal vez tus sueños cumplidos. Pero no te rindas. El sentido no es este, el sentido es seguir adelante. El sentido es saber que tú puedes hacer un cambio y que quieres hacerlo. Sigue estudiando, hijo, confiaré en mis jóvenes, como vieja que soy, es lo único que me queda.

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La ruta del cielo

Era una mañana fría cuando empezaba a alistarme para asistir a la salida número 5 por el Ávila. El senderismo formaría parte de este maravilloso domingo, 11 de noviembre de 2012, luego de 2 semanas sin practicarlo o haber hecho algún deporte o esfuerzo físico. La ruta que nos deparaba ese día era un poco dura, empezábamos desde La Julia, y terminaríamos en el Hotel Humboldt pasando por el Mirador del Edén, tomando Las Toyotas para saltarnos Rancho Grande (cosa de la cual me enteré luego de que estuve allí), e ir directo al Pico Goering. Luego de esto, pasaríamos por el cruce de la Fila Maestra y el Pico Naiguatá, tomando por supuesto, la primera opción. Caminar toda la Fila Maestra pasando por el Pico Oriental, La Silla, el Pico Occidental y el Lagunazo para terminar en nuestro último destino, y luego bajar en teleférico. Estos eran nuestro planes, pero como en un viaje tan arriesgado y largo, no todo podía salir perfecto como lo habíamos planeado…

El Recorrido del domingo, en azul.

Había preparado desayuno y mi bolso con algo de comida y mucha agua para la gran ruta del día de hoy, que nuestro guía curiosamente  nombró: “La ruta del cielo”, si lo pensamos detenidamente tiene un buen nombre, además de encajar perfectamente. Todo empezaba a las 6 de la mañana, cuando decidí salir de mi casa e ir a la Estación de Metro de La California para encontrarme con mis compañeros de excursión.

Había llegado un poco tarde, la hora acordada era a las 6:30 y llegué a las 6:50, afortunadamente siempre el tiempo de espera es media hora y los encontré haciendo la cola para el Metrobús. Terminamos yéndonos en camioneta para la entrada de la Montaña y nuestro viaje solo empezaba. Eran las 7:35 a.m. cuando salimos.

El guía explicaba un poco la ruta y nos decía que debíamos comer durante el camino, durante los pequeños descansos que tendríamos para mantener la fuerza, puesto que el camino era fuerte. Salimos entonces y yo me fui a la cabeza junto con el guía en los primeros minutos. La subida era muy fuerte, y mi falta de entrenamiento me costó un poco caro. También había comido en las últimas dos semanas muy mal (comida chatarra y mucho refresco), vaya que la pase mal en las dos primeras paradas. Cuando empecé a subir veía todo precioso, estaba emocionado debido a que llevaba dos semanas sin practicar este fascinante deporte. Quería recuperar un poco de resistencia que seguramente había perdido, y así era, la había perdido. Luego de pasar unos 10 minutos caminando, tal vez menos, empecé a sudar muchísimo, respirar fuerte y tener ataques de tos, tuve que sentarme en varias oportunidades y no dejaba de preguntar qué me pasaba. Un amigo se acercó y me dijo qué me pasaba y me hizo serie de preguntas. Ambos llegamos a la conclusión de que me encontraba de esa forma debido al no practicar nada de deporte en dos semanas y comer tan terrible. La pase fatal durante más de 1 hora, sin embargo, al llegar al P.G.P. La Julia nuestro guía me dio tres caramelos  que me ayudaron un montón. Caramelos normales que reparten en piñatas, con mucha azúcar, me ayudaron mucho mientras iba avanzando, estuve solo en todo el camino desde La Julia hasta el Mirador del Edén puesto que iba en el medio de dos grupos, éramos 10 en total. De los cuales 6 iban adelante, y 4 un poco atrás, a ninguno los oía. Al llegar al Mirador del Edén ya me sentía un poco mejor, sin embargo en mi mente insistía que debía desistir de la excursión y volver a mi casa a mejorarme. No desistí. Seguí a ver hasta dónde llegaba.

Cuando empezamos la ascensión por Dos banderas me sentía un poco mejor, sin embargo no sabía si podía continuar. Me quedé de nuevo en el medio de los grupos, me debía detener en algunos tramos para retomar el aliento, o tomar bastante agua. Seguía con el pensamiento de desistir mientras a mis espaldas se visualizaba la ciudad de Caracas en todo su esplendor, a mi norte podía solo ver el camino empinado que me esperaba para conquistar el Pico Goering.

Cuando ya iba a mitad de camino me senté y dije que no podía más, debía bajar, me iba a desmayar, la cabeza me daba vueltas y ni siquiera iba por un cuarto del recorrido total. Me senté, respiré, tomé agua y por primera vez en mi vida decidí ponerme los audífonos y escuchar un poco de música (normalmente no hago esto, decido conectarme completamente con la naturaleza, escuchar los pájaros cantar, la brisa y en excelentes casos, el agua de las cascadas). Fue cuando entonces al poner la música, me dije a mí mismo: ¿Así es como piensas escalar otras montañas más altas, que necesitan más resistencia, que requieren más esfuerzo? ¿Así es como quieres lograr cada cosa que te propones, dejándolo todo a medio camino o antes solo porque “no resistes”? ¡Vaya vergüenza! Terminé levantando la cabeza y diciéndome a mí mismo repetidas veces: ¡SÍ PUEDO! CLARO QUE PUEDO. En muchas ocasiones solía decirlo en voz alta para tener una alta automotivación, aunque no lo crean, funciona muchísimo. Creer en ti mismo es la clave de muchos retos que vas enfrentando en tu vida.

Un poco antes de llegar al Pico Goering empezó un fuerte dolor en los muslos de las piernas. Era insoportable. Sin embargo, pese a esto decidí seguir. Ya el mareo se me había pasado o quizá seguía, pero lo ignoraba por completo. Me encontré con dos compañeros que me alcanzaron antes de llegar al Goering y me enteré que dos de los diez desistieron. Seguimos el camino hasta encontrarnos con los otros 5 que faltaban. Nos felicitamos entre todos porque a pesar del retraso de algunos (nosotros 3) teníamos un excelente tiempo. 3 horas de recorrido y ya estábamos en el primer pico que debíamos conquistar ese domingo. Algunos comieron, otros reposamos, tomamos fotos y nos pusimos a hablar durante 15 minutos para recuperar fuerzas. En esas discusiones hablamos de la ruta y pregunto por dónde queda la entrada a la Fila Maestra, pues bien, para mi sorpresa, ¡NADIE SABÍA! Ninguno se sabía la ruta, teníamos un mapa, y los letreros e “hitos” nos ayudarían. Seguimos caminando hasta el cruce de la Fila Maestra-Pico Naiguatá. Era lo último que sabíamos del camino, nadie sabía que había a la izquierda de nosotros, muchos habían alcanzado la cima del Naiguatá, pero de los que nos encontrábamos presentes ninguno había cruzado jamás para la Fila Maestra. No nos importó, queríamos seguir, nuestra motivación era más grande que nuestro miedo. Nuestras metas eran más grandes que cualquier cosa, nuestro amor al senderismo crecía cada vez más. Seguimos caminando y nos encontramos con fantásticas formaciones rocosas, con preciosos paisajes desde lo más alto de la montaña.

Llegamos luego de unos minutos a un sitio donde nuestro camino se complicaba, había un hito que señalaba que estábamos en el camino correcto, pero, había una formación rocosa que descendía que nadie estaba seguro de tomar, no se veía como el camino adónde nos dirigíamos. Decidimos explorar y decidir qué hacer, los dos guías fueron a hacer su trabajo explorando diferentes “caminos” mientras los otros 6 del grupo nos dedicamos a revisar mapas en un teléfono y a chequear la brújula de uno de nuestros compañeros, aprovechamos para descansar y comer algo. Duramos 1 hora y media buscando el camino. Luego de explorar, de que la lluvia nos empapara y el frío nos acompañara hasta en la médula descubrimos que el camino sí se encontraba bajando las rocas. Habían señales que así lo indicaban, empezando por el hito hasta una flecha dibujada discretamente en una roca. Cuando los 5 se pusieron en marcha, un guía nos esperó abajo en las rocas mientras yo esperaba a un compañero que se encontraba en otra ruta explorando a ver adónde llevaba. Mientras los 5 se adelantaron nosotros empezamos el descenso por las rocas para unirnos a la famosa Fila Maestra para empezar lo que muchos conocen como “La Travesía”. Aunque sinceramente la empezamos desde que decidimos poner un pie sobre la montaña, en la Julia hace ya más de 5 horas.

La Fila Maestra resultó ser una belleza total de un camino por la cumbre de la montaña, desafortunadamente el clima no quiso que observáramos del lado derecho el mar, y del izquierdo la ciudad de Caracas, estaba todo muy nublado y llovería en cualquier momento. El camino se hizo un poco difícil al encontrar piedras muy lizas con caminos muy estrechos donde, literalmente debías abrazar la roca para sentirte totalmente seguro. Cruzando despacio y con pisadas claves en cada roca para no caer precipitadamente por el barranco que podías ver. Las Rocas se volvían enormes  a nuestro lado y se veían hermosas con un poco de vegetación que le crecía encima. Fueron vistas maravillosas y para ese momento el camino se volvía un poco recto, esto fue hasta que llegamos a una famosa subida que todos temen, la de la Fila Maestra hasta el Pico Oriental, decían que era muy fuerte y no se equivocaban, en esta oportunidad íbamos un poco juntos, sin embargo todos se fueron adelantando. Terminé sentándome en una roca porque no aguantaba la cabeza, me estaba mareando del hambre, saqué el desayuno que había preparado hace más de 7 horas para tener algo en el estómago y recobrar fuerzas. Había estado comiendo chocolates durante el camino y lo único que llevaba en el estómago era una arepa que me había preparado antes de salir conjunto con la que estaba apunto de comer. Compartí la comida con un amigo que estaba junto a mí de último y luego de terminar decidimos caminar inmediatamente. El camino fue largo y trabajoso. Me pregunté un par de veces por qué me gustaba subir a la montaña y pasar trabajo, frío, hambre y un largo etcétera. Solemos hacer chistes cuando llegamos al destino, siempre decimos que en el camino nos preguntamos lo mismo, hallando la respuesta al final. Cuando recorremos todo, cuando alcanzamos nuestras metas, cuando conquistamos nuevos territorios.

Se hacía de noche, eran las 4 de la tarde y tomamos la decisión de ir directo al Humboldt como se tenía planeado en vez de bajar por la Silla a Sabas  Nieves y salir por Altamira. Además de que nos parecía “más sencillo”. Esta fue la última vez que vi a 3 de mis compañeros en todo el viaje.

Empezamos a descender por el Pico Oriental hasta la Silla, seguía haciéndose más tarde y terminamos conquistando la Silla a las 5:30 o un poco más tarde, sinceramente no llevaba el control de la hora. La luz del sol se ocultaba y la oscuridad de la noche se acercaba. Afortunadamente tenía una linterna, al igual que mi compañero. No la usamos hasta que llegamos al Lagunazo. Proseguimos con el camino temiendo que se hiciera de noche y cerraran el teleférico y no pudiéramos bajar a la ciudad a dormir en nuestras casas, secarnos, bañarnos, comer y relajarnos un poco. Había llovido ya 3 veces y estábamos empapados, no sentíamos frío debido a que seguíamos moviéndonos. En el camino, al empezar a usar nuestras linternas nos encontramos con 1 compañero, se nos unió, entonces éramos 3 que debíamos caminar despacio para no resbalar y causarnos heridas.

Al continuar en el tramo Occidental-Lagunazo nos encontramos con dos compañeros más, uno que había temido perderse (puesto que nadie tenía linterna, solo 3 personas, dos guías y yo) y se quedó en el mismo sitio esperando por alguno de nosotros para no ir solo y el otro que decidió acompañarlo. Éramos entonces 5 caminando, faltaban 3 que nunca aparecieron durante todo el tramo hasta el Humboldt. Se hacía más tarde y la vista desde ese punto era posible debido a que no había ninguna nube encima de nosotros, debajo para observar la ciudad de Caracas sí, afortunadamente ahora sí veíamos el Estado Vargas y el mar lleno de lucecitas que eran de barcos, además del cielo con algunos aviones. Durante el tramo un compañero decidió irse por su cuenta debido a que la linterna “le encandilaba”. Pues así fue, siguió derecho y en poco tiempo había desaparecido, iba un poco rápido. Al llegar al Lagunazo empezaron los problemas…

Se hacía cada vez más tarde y ya llevábamos 12 horas caminando en la montaña.

El temor de no poder bajar a la ciudad incrementaba, nada podíamos hacer, debíamos caminar lentamente, con mucho cuidado por la cantidad de piedras debido a que era una bajada difícil. No teníamos agua, no teníamos comida y éramos ahora solo 4 personas, de las 10 que estábamos en la excursión (recuerdo que dos desistieron al principio). Empezábamos a hacer chistes sobre películas de terror que normalmente decíamos: “Bah, no da miedo”. Decíamos que en cualquier momento se haría realidad, reíamos y era todo muy agradable, a pesar del temor en el ambiente de no poder bajar a la ciudad.

Cuando llegamos a la toma de agua del Lagunazo escuchamos nuestra seña, escuchamos a un compañero… ¡resultaba ser el que se separó hace un rato! Los escuchábamos alto, a nuestro lado, no tenía ningún sentido. Debía estar adelante de nosotros, ¡no detrás y menos en una parte alta! Dedujimos entonces rápidamente que se había perdido, que había seguido el camino en vez de solo bajar para ir al Lagunazo y luego al Humboldt, el camino que había seguido ya no lo usaban y se había tapado por las plantas. Empezaba ahora la preocupación por alguien que se encontraba detrás de nosotros. Decidimos llamar a su celular pero no contestó, luego se quedó sin señal.

Había que tomar una decisión, ¿qué haríamos? ¿Regresaríamos por él, iríamos hasta el Humboldt e informar de la situación? ¿Alguien se atrevería a ir solo a buscarlo? ¿Esperaríamos? ¿Qué?

Decidimos esperar, un poco más adelante para poder sentarnos en las frías piedras. No apareció en 10 minutos, decidimos seguir adelante e informar para que pudieran auxiliarlo. Temíamos por su suerte, pero también confiábamos en que se quedara en un solo sitio y no sucumbiera a la desesperación que era normal en estos casos. Decidimos confiar y caminar, seguimos el difícil camino que nos tomó dos horas hasta Humboldt. Nos golpeamos las rodillas, nos llenamos de barro, nos mojamos los zapatos, las medias, los monos, nos llenamos de tierra las manos, las caras, todo. Cuando llegamos al Humboldt era aproximadamente las 9:40 p.m., fueron en total 14 horas caminando en la montaña. ¡Habíamos logrado nuestro cometido! Ahora solo faltaba encontrar a nuestro amigo extraviado y saber de los otros 3. No llegamos a tiempo para el teleférico y era tiempo de tomar otra decisión. Éramos 4 personas, de las 8.

Duramos un rato en las instalaciones de “Ávila Mágica” tratando de calentarnos, el frío era tremendo. No había comida, no había agua, no había nadie. Luego de tal vez 45 minutos aparecieron militares, dos militares que custodiaban las instalaciones. Nos dijeron que no podíamos estar allí, que debíamos retirarnos hacia Galipan (un pueblo a unos 15 minutos de bajada desde donde nos encontrábamos). Estaba de malhumor, ¡no podía creer que nos tiraran así sin ofrecernos ayuda! Alguna solución, ¡nada! Solo nos dijeron que fuéramos a la intemperie.

Seguimos hablando e informamos de toda nuestra situación, nos informaron que dos personas habían bajado y habían informado que 5 excursionistas más llegarían, ¡faltaba uno! Estábamos todos, menos uno. Los 4 en el teleférico, el que estaba perdido, dos que habían bajado y uno sin información, nadie sabía nada de él.

Luego de charlas, llamadas a familiares, lo único que podíamos hacer era quedarnos a dormir allá arriba si ellos lo permitían, de otra forma debíamos bajar al pueblo de Galipan a ver dónde nos podíamos acomodar. Terminaron accediendo a que nos quedáramos mientras esperábamos por Bomberos Forestales para ayudar al compañero que se había perdido. Luego de unas horas, nos dieron cojines, unas cobijas y unas pocas galletas para amortiguar. Nos acomodaron en lo alto del teleférico donde no entraba el viento y había una alfombra que apestaba. No hacía tanto frío, excepto por nuestra ropa mojada. Temblábamos del frío. Estábamos nerviosos por nuestro compañero.

Alguien se ofreció a buscarnos, un excursionista que estaba con nosotros, luego de otras llamadas donde supuestamente una patrulla de policía nos buscaría decidimos decirle que se quedara tranquilo y en su casa. La patrulla afortunadamente jamás apareció. A las 12 de la noche apareció Bomberos Forestales dispuesto a buscar solo “hasta el Lagunazo” por el compañero que se había extraviado. En esta ocasión, los funcionarios de la GN nos acomodaron en un cuarto dentro de su comando donde habían unos cuantos colchones sin sábanas, almohadas y alguna cobija para cubrirse. Decidimos esperar ahí mientras aparecía nuestro otro compañero o nos dormíamos, lo que sucediera primero. Mientras el frío nos pegaba fuerte y el hambre no dejaba de hacer presión nos quedamos dormidos, eran las 3 de la mañana entonces cuando llegó nuestro compañero, ¡había aparecido!

El nerviosismo en cuanto a él había terminado, se encontraba bien. Nos contó cómo se las arregló para no sufrir una hipotermia por el frío tan tremendo que hacía en la intemperie, en la Montaña. Afortunadamente quedó al lado de un sitio donde se acampa, encontró unas bolsas de basura y sin importar nada, decidió revisarlas, encontró unas cuantas bolsas y se arropó con ellas, esperando que lo buscaran o que amaneciera para poder encontrar el camino, lo que sucediera primero. Confesó que varias veces estuvo apunto de sucumbir a la desesperación puesto que veía el Humboldt, lo notaba cerca pero se le hacía lejos. Todo perfecto para desesperar sin control y solo correr. Afortunadamente, no lo hizo. Se quedó en el mismo sitio y decidió esperar.

Nuestra noche estaba apunto de terminar, debíamos despertarnos a las 5:30 para prepararnos para descender a la ciudad por el Teleférico. Dormimos unos cuantos minutos con frío, pies congelados y ropa mojada, con hambre y un poco de incomodidad, sin embargo,  dormimos en un colchón que para nada teníamos planeado, ni en planes posibles. Todo había salido bien.

A la mañana siguiente descendimos y nos encontramos con dos familias de los 5 que nos encontrábamos, nos recibieron con abrazos y lágrimas de preocupación. La cálida bienvenida que muchos necesitábamos. Luego de llegar a mi casa me bañé, comí algo y me dirigí a dormir, no pasó más de 1 minuto cuando ya había sucumbido al mundo de los sueños sin retorno. Éramos 7, faltaba 1.

En la tarde de hoy recibí un correo de esa persona que faltaba, ¡explicaba lo que había pasado! Se cayó en el camino, se lastimó la rodilla, llegó solo  al Humboldt, Entró en desesperación y decidió bajar caminando por la ruta de San Bernardino llegando ileso a su casa a la 1:30 a.m., con cansancio y hambre.  Todo salió perfecto.

Me gustaría terminar este relato diciéndoles que fue una experiencia maravillosa, que yo, ¡repetiría!

Dejaré un poema que me pasaron una vez, para aquellos que le tienen miedo a las Aventuras, ¡la vida misma es una aventura! Disfruta cada momento, cada segundo como el último y no te arrepientas, ¡todo es maravilloso!

Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.
Pero ya ven, tengo 85 años…
y sé que me estoy muriendo.
¡Hasta la próxima!

El Palacio de hielo, de Tarjei Vesaas

Tarjei Vesaas, nuevo en mi biblioteca, nos trae una historia donde dos niñas se vuelven amigas de sangre en apenas 2 días. Haciendo promesas de futuro e incluso marcando un destino prometedor. En la parte posterior del libro se puede leer que es una historia de amistad hermosísima, que sin duda en algunos puntos es cierto, en otros es tan confuso como su final. El libro es de lectura ligera, donde podrías leértelo sin ningún problema, confusiones podrían haber debido a la narración, brillante, para mí. Describiendo cada caso sin complicaciones y centrándose en la historia.

Sin explicaciones reales es un libro que deberían leer, quizá para pasar el tiempo o tratar de descubrir el porqué escribir algo como esto. Tal vez refiriéndose a lo que una amistad real es, no se trata del tiempo, se trata del sentimiento. De lo que deseamos ver en nuestras amistades o lo que queremos conseguir. Indaga en la mente de niñas de once años, inocentes y pequeñas, acordes a su edad.

Mucho no hay para decir de este libro, quedé personalmente impactado por el final donde el desastre hace que las promesas sean exoneradas. Y sobretodo donde la verdadera amistad hace que las personas olviden el alrededor para concentrarse en sus cercanos. En una persona en específico cuando ésta necesita de ti.

Sin descubrir realmente qué ha pasado sino indagando en lo que el autor quería expresar es una obra que para pasar un domingo no estaría mal. Tratar de descifrar, bueno, nos tomaría un poco más.

Antes de que se agote la sangre

Cuando día a día nos preguntamos por que hacemos algunas cosas, de qué forma hemos perdido el tiempo o qué haremos mañana es cuando nos fijamos en cuántas cosas importantes hemos podido hacer que no hemos hecho, o cómo incluso no hemos hecho nada de lo importante que habíamos planeado el día anterior.

Darse cuenta de que se pierde el tiempo es un gran indicio de que queremos cambiar algo en nuestras vidas, hacer las cosas de una forma diferente; mejor, o mejorar eso que ya tenemos. En mi caso, a pesar de que la época en que nací todo lo que una vez se daña se termina botando, opto por arreglar las cosas que en mi vida se ven afectadas por mi falta de acción, liderazgo o palabra. La palabra es el indicio de la acción. Pero la acción nace en la razón. Cuando una persona decide hacer algo debe llevarlo a acabo, así lo veo yo.

Recuerdo una frase de Napoleón Bonaparte que decía: “Si empiezas a conquistar Viena, conquista Viena”. Las personas que suelen llenarse de responsabilidades terminan incumpliendo cada una de ellas, porque no son capaces de dedicarse, poner su mente en ello. Las personalidades de la sociedad son volubles, hablo en general porque sería tedioso entrar en detalles de cada una. Sin embargo, a pesar de lo voluble que puedan ser siempre habrá algo que diferenciará. La persona que te ama sabrá diferenciar tal cosa, llevarla. Aprovecharla incluso. Esa persona que desea tu bien sabrá cómo controlar tal cosa para ayudarte en lo que deseas ser, sea lo que sea.

Las páginas de los libros te dirán cómo entender a las personas, en un prototipo generalizado, pero no en uno específico. Cada persona es diferente a la otra, habrán puntos claves generales en los cuales muchas aprovechan para saber “llevar”, sin embargo esto no podrá ser válido para todas.

Hacer un informe psicológico sobre una persona puede ser tan acertado como incierto, incluso irreal. Indagar en la mente de una persona puede tornarse tan difícil como pedir que esa misma persona lo haga. Incluso, podría descubrir temores que no sabía existían y sería trágico, por supuesto. Nuestros temores se fundamentan en el pasado. Eso está claro.

A pesar de que divago en todos mis escritos trato de poner un punto de vista claro de cualquier cosa a la que me refiero. En esto caso, el título es tan curioso que no entiendo del todo porqué lo he puesto. Sin embargo, hoy venía a referirme a eso, a no perder tiempo. Ya se ha perdido suficiente en el transcurso de la historia y nada bueno sale de ello, solo lamentos.

Por mi experiencia, así es. Perder tiempo es una gran razón para lamentarse, pero, no para perder tiempo haciéndolo.

Cuando quieres hacer algo bien, hazlo. Si hay personas involucradas, cada una sabrá qué hacer. Es un gran error esperar que otra persona actúe para tú hacerlo. Sí, luego de 17 años es que puedo verlo con claridad. Supongo que una enseñanza como está se llevará en el corazón, o no, allí está.

Hasta la próxima.