Categoria Anónima

Título sin nombre

Ha pasado más de medio año desde la última vez que escribí en este blog. Y cada vez que pienso en ello, me siento miserable. ¿Cuántas veces a la semana pienso en poder escribir o tener algo importante que decir para escribir? Pero lo que no me he dado cuenta, o no me había dado cuenta hasta hoy, es que este es mi espacio libre para hablar de lo que sea. Da igual si es interesante o no lo es. Cuando queremos mejorar en una actividad, muchas veces debemos hasta convertirlo en una rutina. Había leído que se necesitan 21 días para hacer de una actividad una rutina, pero ¿cómo haces que un ejercicio mental se vuelva una rutina? A veces me pongo a pensar que el ejercicio físico es mucho más fácil que el mental. Si tienes que correr diariamente, solo te levantas a correr y listo. Pero si debes sacar tu genio creativo, no puedes solo sentarte y ser creativo. No es tan fácil como una simple decisión. O al menos eso sentí en el último año que pasó. Escribir fue tan o más complicado que estudiar mecánica cuántica.

Este año tampoco ha habido muchos cambios positivos, es febrero y a penas escribo la primera entrada del blog. Me imagino que de hacer 0 a hacer luego 1 lo podemos llamar mejora, pero no me hace sentir del todo bien cuando en las metas de todos los años escribir diariamente es una de ellas, que siempre termina en puro fracaso. Perdiéndome e las obligaciones del día a día, del trabajo, del tráfico o de pensar en tonterías, dejo de hacer una de las cosas que más amo en la vida; aun cuando no lo hago del todo bien.

Claro que he escrito para revistas, artículos de interés o incluso cuestiones del trabajo, pero no siento que todo el poderío de mi mente haya estado en ello. Tampoco es que el poderío sea enorme, pero al menos no es tan sustancioso como lo sería antes. El problema es que no sé a qué se debe. Leía en algún momento que escribir un ensayo es lo mejor que puedes hacer: te ayuda a organizar las ideas, desechar aquellas débiles y poner sustento a las otras que parecen ayudar al tema principal. Es como hablar con un psicólogo, solo que esta vez te juzgas tú mismo. Escribes para ti y por ti, para leerte. Para saber cómo te va o en qué estás pensando. En la escena de la película de ayer, en el sueño que tuviste o en lo extraño que te parecía la hoja que se cayó de forma diferente esta mañana en la calle de todos los días. Un buen escritor es aquel que puede transportar todos sus sentimientos a la palabra escrita o aquella que puede hablar de cualquier tema haciéndolo interesante.

Tengo la mala costumbre de escribir muchísimas cosas y luego no corregirlas y simplemente publicar (eso cuando es en mi propio blog, claro), pero me encantaría poder corregir sin luego eliminar todo lo que había escrito y olvidarme para siempre de lo que estaba haciendo y luego leer y sentirme fracaso… una vez más. Imagino que esta situación se puede extrapolar a todos los puntos posibles existentes, desde estudiar hasta hacer entrenamiento físico.

Últimamente he estado escuchando música melancólica para calmar los ánimos, para sentir que hago cosas de interés espiritual y que soy una persona con intereses profundos. Pero la verdad es que no lo siento de esa forma, solo la estoy disfrutando y nada más. Y por hoy, me quedé sin palabras, sin pensamientos. Lentamente vuelven.

 

Los problemas de una mente en reposo

Diariamente nos jactamos de lo sencillo que es hacer cualquier cosa que se nos venga a la mente. Cualquier tema de disciplina nos parece el más sencillo que puede existir… hasta que nos toca hacerlo a nosotros. El éxito, al parecer, solemos verlo como una escalara de un solo piso donde no hubo ni fracasos, ni torturas, ni noches sin sueño ni nada de esas cosas horribles que creemos estamos exentos solo porque no las conocemos. Solemos pensar algo como: empiezo hoy y en tres meses seré rico. No creo exista lugar o meta alguna donde eso sea posible.

Reflexionando sobre lo que me gusta hacer, lo que estoy haciendo y lo que debería hacer me di cuenta que en la lista estas tres cosas no están compaginando de la mejor forma posible. De hecho, no están compaginando en lo absoluto.

¿Por qué será que en las ciudades el tiempo pasa velozmente mientras que en los pueblos tranquilos se hace lento y provechoso? Quizá porque la velocidad externa afecta la velocidad interna, haciéndonos creer inmediatamente que todo está pasando como un rayo veloz. Quizá porque en los pueblos las distracciones naturales no son suficientes para hacernos ver que el día pasa velozmente. Mientras escribo, puedo escuchar música, enviar mensajes, pensar en los correos que debo enviar y además estar planeando mentalmente mis discursos para cuando me reúna con ciertas personas a ciertas horas, además de, por supuesto, planear mi fin de semana de descanso. El problema de la velocidad es el multitasking.

Sin poder concentrarnos en una sola actividad y teniendo tantos recursos a la mano descuidamos todo lo demás, descuidamos todo lo que existe. Pero, ¿cómo no hacerlo? Si tenemos deseos de vivir la vida “soñada”, cualquiera que sea esa vida. Nos descuidamos del presente para enfocarnos en el futuro, nos volvemos ansiosos y nos enterramos en la miseria de la incertidumbre.

La disciplina, después de todo, siempre tiene que ver con un enorme poder mental sobre nosotros mismos y nuestras decisiones. Si decidimos siempre por irnos por placeres instantáneos, no tendremos jamás el gran placer final del éxito. Y así como textos sin sentido para ordenar la mente o incluso para seguir una disciplina, todos necesitamos diariamente ese recuerdo de disciplina que nos motiva a ser lo que siempre hemos soñado ser.

Gritos del silencio

La luz atravesaba las nubes con pequeñas líneas que se dirigían a los espacios. Los pájaros cantaban mientras el viento soplaba. En el medio de la tierra, insignificantes hormigas caminaban de un lado a otro, buscando comida y trabajando hasta morir, insectos revoloteaban en el abrasador sol del desierto.Individuos revoloteaban entre cánticos y habladuría. Pisadas y el molesto sonido del cuero dispersaban el sonido del viento. El cuero, pasando por la tierra destruía a su paso comunidades, pequeñas construcciones invisibles a nuestros descuidados ojos.

Del cielo salía un sonido ensordecedor de motores y turbinas, en el medio de un casi despejado cielo de desierto abrió sus portezuelas y dejó ver un objeto sin identificación, se observaba, desde lo más alto, cómo el objeto se acercaba a la tierra, cómo la gravedad hacía su trabajo y terminaba lo que debía culminar. Al tocar el suelo, un estruendo de luces, sonidos y humo apareció por todo el lugar. Arrasando a su paso esperanzas, ideas, fe, religiones, edificaciones, voluntades, arrasando todo lo que a su paso se encontraba sin detenerse un pequeño segundo a preguntar quién, qué o por qué. Solo arrasaba, con su furia barría lo que en su paso se cruzaba, la multitud, el concreto, la desidia, la destrucción y a los indigentes. Enriqueciéndose en poder, destruía el aire, la vida, la luz y hasta el silencio.

Entre gritos del silencio el furor aumentó, las nubes subieron y la muerte decidió bajar al encuentro, llevándose en sí las últimas esperanzas, destruyendo con su furia las últimas voluntades, barriendo las vidas, barriendo los sueños.

Stay

La historia viene por etapas. La clasificamos, por buena, por mala, por cualquier nombre o por reyes. Lo importante es que hacemos que algo extrañable parezca solo una parte y ya. En las historias de los libros solo ponemos una historia que engloba todo lo demás, sí, pasando por etapas.

Pero, ¿en nuestra historia personal? ¿Está nuestra historia personal afectada por etapas? Sí, claro que lo está. Tenemos nuestras etapas donde vivimos cosas que más nunca volveremos a vivir, tenemos sensaciones que más nunca podremos decir que son las mismas. Siempre son nuevas. No te puedes bañar en el mismo río dos veces. Todo cambia.

¿Qué sensaciones te quedan de la primera vez? Cuando te bañas por primera vez en un río, sientes sensaciones únicas, van cambiando al pasar el agua tu piel, el agua corre y aunque pongas muchísimas rocas para detenerlo sigue su curso. No puedes detener parte de los ciclos, solo debes dejarlos ir. Debes dejar que el agua que tanto te gustaba se marche, sin esperar que el agua te recuerde. Sin esperar haber sido algo importante, especial, necesario para el agua que va pasando. Después de todo, es agua, ¿no? Agua por la cual pasaste y seguiste tu camino.

Agua a la cual usaste, sacaste tanto provecho como fue necesario y ya no lo es más. Existe agua mejor mientras vas subiendo la montaña. Más pura. Lo importante es que sepas cuán importante fue esta agua para ti y cuán importante es esta nueva agua. Ambas las usaste, ambas las tiraste. Algún día, ese agua serás tú. El agua que tirarán, el agua que pasará y no volverá serás tú. Ese agua que usaron y luego arrojaron a las plantas. Todo, en el paso del tiempo, significará un pequeño ciclo, un cambio enorme en la naturaleza que te hará darte cuenta quién eres y quiénes son esas personas que te rodean y te hacen feliz.

Pero, por hoy, quédate.

El camino del cobarde

El camino del cobarde es un camino fácil, es un camino lleno de sorpresas. El camino del cobarde es el de los desalmados. El camino del cobarde tiene facetas en todas sus rutas, diferencias en todas sus estaciones. Este camino, es solo el ejemplo de las ganas de huir. Este camino es solo el que afrontamos cuando creemos ya no tenemos nada. Este camino lo tomamos tan seguido que se hace repetitivo.

El camino del cobarde es la violencia, la desidia, la tontería, la arrogancia, el odio, el trasnocho de recuerdos insensatos. Los deseos de maldad imparables. El camino del cobarde es la deserción de las luchas más difíciles. Caminamos por el camino del cobarde cada vez que abandonamos, cada vez que decidimos por deserción a por lucha. “Éste es el camino”, decimos y nos sumergimos en la miseria. Nos sumergimos en lo que odiamos, terminamos queriendo aquello que tanto detestamos como valientes. Terminamos enamorándonos de las noches sin luna.

Camino del Cobarde

¿Quién es el cobarde? ¿El que deserta o el que lucha una batalla sin victoria? ¿Qué camino se escoge ante la lealtad, la esperanza, el dolor o la soledad? ¿Cuál es el camino del cobarde?

 

Let her go

En las inmediaciones de los peores sueños, el despertar de las peores pesadillas y la penumbra de la terrible noche, damos vueltas a preguntas sin respuestas. Sabemos adónde nos llevan y el dolor que causa solo preguntárselas, pero seguimos insistiendo en hacer preguntas acertadas para situaciones dolorosas, seguimos siendo los estúpidos que queremos ser fuertes llenándonos de dolor, pero, ¿qué más dolor que el de la verdad? ¿Qué más terror que el de la verdad? ¿Qué más terrible sensación que el de la verdad rodeando tus pensamientos?

Detenemos una vida entera ante la ausencia, detenemos la presencia de millones de personas ante la ausencia de una sola. Despreciamos los regalos ante la ausencia. Extrañamos lo incorrecto ante la soledad, nos devastamos entre estupideces humanas. Sí, somos estúpidos.

Aún estando en desacuerdo de todo lo que dice la canción, estoy de acuerdo en una parte tan importante… “and you let her go”. No extrañas a alguien hasta que se va… No lo creo. Sin embargo, la decisión más difícil es la acertada… solo dejar ir… No todo es tan sencillo, pero de las grandes batallas salen los héroes. De los grandes retos llegan los aventureros. De ahí, de los sobrevivientes, llegan las metas, los valientes, los grandes.

Seamos grandes y dejemos ir. Con el dolor en las entrañas, solo los valientes podemos dejar ir… y dejaremos ir.

8 Preguntas a Venezuela

En los últimos días y con la actividad de protestas he estado preguntándome un par de cosas. Venezuela quizá necesite más respuestas que preguntas en este momento, sin embargo, se me hace difícil ignorar la magnitud de ruido que hacen estas preguntas en mi cabeza.

  1. En una lucha con protestas multitudinarias, Mov. Estudiantil y Oposición con posiciones parcialmente distintas, ¿qué busca Venezuela? ¿La Renuncia de Nicolás Maduro? ¿Garantías constitucionales? ¿Qué busca Venezuela?
  2. ¿En quién confía Venezuela actualmente? ¿Confía en Leopoldo López? ¿Confía en María Corina Machado? ¿Confía en Capriles Radonski? ¿Confía en el Movimiento Estudiantil?
  3. En las manifestaciones las consignas son diversas como las personas que van a las mismas (por hacer una analogía simple), ¿cómo confiamos en consignas del año 2002? ¿Cómo podemos cantar “este Gobierno va a caer” sin revelar un plan posGobierno?
  4. ¿Cree Venezuela realmente que la solución a las crisis simultáneas que vive el país sean resueltas a pedir la Renuncia del Presidente?
  5. ¿Qué sucederá si las protestas terminan por apagarse y nos olvidamos de Leopoldo López y su entrega voluntaria al régimen para ver el despertar de la patria? ¿Nos olvidaremos como lo hicimos con Simonovis?
  6. En caso de que la salida de Nicolás Maduro se convierta en realidad como se escuchan en las consignas de las manifestaciones, ¿cómo hará Venezuela para deshacerse de la brutalidad y bestialidad de Diosdado Cabello?
  7. ¿Está Venezuela realmente dispuesta a entrar en una guerra civil con la oposición desarmada y el Gobierno en control de los grupos paramilitares?
  8. ¿Podemos creer realmente en la salida pacífica de un régimen sanguinario, donde la única forma de entrar a la historia del país es por las vías ilícitas de un golpe de Estado?

La metamorfosis

Ha pasado ya varios años desde que el régimen militar ganó las elecciones democráticamente en mi país. La movilidad popular del nuevo peón de la izquierda surgió efecto después de todo. El populismo movió Venezuela como jamás lo había hecho antes. No estoy seguro si van ya 10 u 11 años, pero lo cierto es que la situación en mi país no ha mejorado nada. Estamos en picada. Muchos analistas políticos dicen que hemos tenido un gran paso en lo social. Consideran que el hecho de que las personas se involucren en la política como ahora lo desean hacer son pasos de progreso. Sin embargo, en lo económico nos vamos hundiendo. El dólar cada vez está subiendo más y la inflación no nos consume aún. Analistas advierten de desabastecimiento si la situación sigue tal como va. ¿Cuánto más podremos aguantar esto? Estamos en el año 2010, ya lo recuerdo, van 12 años. Desde 1998 un régimen militar manda en Miraflores.

Llevamos años viendo cómo el Ejecutivo va apoderándose de todos los poderes públicos uno a uno, con chantajes, con presiones, con amenazas… no importa la artimaña usada por éste, siempre logra salir con lo que desea y como desea. Los medios de comunicación han dado una lucha incansable agrediendo directamente al Ejecutivo sin ningún tipo de resultado real. RCTV fue cerrado. Globovisión es la única ventana realmente opositora a lo que sucede en el país. Venevisión pasa sucesos del país, comunicados de la oposición y un poco de realidad política. Pero la verdad es que es difícil mantener la línea cuando las presiones son tan grandes.

Los años van pasando poco a poco y sigo en la misma rutina. Cada vez que la oposición llama a una movilización voy con ellos, los acompaño y grito consignas que me dan esperanza. Las banderas en el cielo me dicen que todo estará bien, el camino está cercano. Nuestra ruta por fin será marcada por quienes deseamos salir de todo esto. A pesar de eso, cuando el “trámite” termina todo acaba exactamente igual. No puedo imaginar que este país algún día despierte. Estamos perdidos.

Voy caminando al trabajo como todos los días, viendo los abusos del Gobierno central. El sistema de metro en Caracas cada vez funciona peor, las vías de la ciudad capital son un desastre, las colas, la inseguridad… ¡¡siempre llego tarde!! No puedo soportar la impotencia de la tranquilidad de este país. Ojalá algo se pudiera hacer, ojalá se pudiera salir a la calle y por fin culminar con todo esto. Estoy harto de que nunca podamos hacer absolutamente nada para reparar la situación. La vida en este país vale nada.

Camino a la Universidad en la noche, pienso en mi vida, pienso en lo que podría ser de mi ciudad si fuera segura. No me siento seguro en mi campus y me escondo de las motos, me escondo de las sombras. Correteo por los pasillos en las noches, voy en grupos en los que no me siento cómodo pero confiado. Pongo el teléfono en lugares que no me gustaría recordar,  camino con las piernas apretadas y con la indisposición de un ciudadano en un país en guerra. Rezo a un Dios del que no estoy totalmente seguro en busca de protección, me da miedo la oscuridad en mi país.

El Metro me da seguridad porque aún no se atreven a tocarlo estos malditos delincuentes. Odio maldecir, pero ¡qué impotencia me da la delincuencia a la que estoy sometido! Siento temor por mí, por mis seres queridos y por todo aquel que sale a la calle… Muchas veces en todo los días del mes deseo no tener que salir, no quiero arriesgarme. ¡Pero cuánto desearía poder tener el poder tan simple de correr al frente de mi cuadra por recreación! No importa cuánto me esfuerce, todo en la calle me asusta, pero debo vivir con ello. Debo continuar cada día, con el miedo quemándome la piel, con el miedo quemándome las entrañas y entrando en mi sangre. Con el miedo poco a poco invadiendo cada parte de mi ser.

El día a día me hace desear vivir en otro lugar, salir del país es una ventana al primer mundo. A un lugar, tal vez no con la justicia que quisiera, pero sí con la vida que un ciudadano se merece. Las injusticias existen en todos lados, después de todo, ¿sabemos qué es “justicia” realmente? No. Solo improvisamos desde los que nos parece más correcto. La inseguridad de mi país me hace odiar, poco a poco, a la población, a mis hermanos. Siento una transformación en que no quiero sentir, una metamorfosis como la de Kafka, terrible pero latente. La metamorfosis de una persona a un monstruo lleno de odio.

Los medios de comunicación me aterran cada mañana, pero no por decirme qué sucede en mi país, si no por ocultarlo. Me aterra que en la televisión de mi hogar se proclame que Venezuela está muy bien, absolutamente todo se encuentra bajo una tranquilidad extranjera. Una tranquilidad que no la siento como mi hogar, una tranquilidad inexistente. Una tranquilidad que desaparece cuando cruzo la puerta de mi casa. La violencia asecha nuevamente cada rincón de mi vida subiendo hasta mi cabeza y llenarme de odio hacia (casi) cualquier persona.

Las consignas políticas y el uso repetido de la palabra Patria, Fascista, Imperio… me tienen harto. 15 años de un Gobierno que aún le hecha la culpa a uno anterior es tan patético como un Gobierno incompetente. La búsqueda de la verdad se hace cada vez más difícil en un país con las libertades tan reducidas. La verdad se esconde en pequeños rayos de luz que se asoman por ajuros hechos por la democracia, la libertad y la esperanza.

Hoy me siento con ganas de matar personas, aunque mi fuerza de voluntad nunca sea totalmente para esto. Acaban de matar a un familiar en la calle… ¡¡por robarle un maldito celular!! Cuando hago mis demandas formales me informan que es culpa de mi familiar, por sacar el celular en la calle e incitar al acto delictivo. ¿¡Esta basura de dónde ha salido!? ¿¡Cómo no pueden responderme por la vida de mi familiar!? ¡¡Cuánto desearía que no hubiera sido ese familiar mío, si no de ellos!! ¿Por qué debo pagar como ciudadano los errores de este Gobierno de mierda? ¿Por qué?

La fría noche me hiela la sangre, las estrellas iluminan el camino pero la oscuridad reinante me azota poco a poco. Consume mi piel y mis ideales, transforma mis suelos en realidades y destroza mi esperanza. La salida del país es mi única esperanza… ¡cómo puedo dejar mi tierra en medio de la guerra! ¿Cómo puedo abandonar mi país en medio de los problemas? Lamento no poder explicarlo, pero mi vida vale más que un país indiferente. ¡Mi vida vale más que un maldito celular!

Cada día que pasa mi tolerancia se desnivela, miro a todos lados para que no vean cómo insulto a esta gente. No soporto tanta indiferencia por mi país, tanta violencia y tanta mierda. No soporto la burla, no soporto las ganas de tirar un país millonario a los talones de países tercermundistas.

Con armas… nuestra historia sería diferente.

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Final

El final es más difícil que el inicio, el final es el cierre del ciclo. El final es rendirse ante todo el esfuerzo del proceso, el final no siempre es un bonito final. El final a veces solo es un final.

El final de las lágrimas no son la quijada, son el dolor. Y eso es un buen final. Pero el final del amor no es la muerte, es la partición. Es la decepción, es el reemplazo. El final del amor no es otra cosa que el aburrimiento. El final del amor es el dolor, y eso… es un mal final.

¿Cómo acabamos con el final del final? El final del final no existe. Porque entonces llegaríamos a otro final, y ese otro final no podría tener otro final que el mismo final. El inicio y el fin son solo ciclos infinitos. Y el amor, forma parte de ellos… empieza y culmina. No existen amores infinitos, porque los amores terminan. Los amores a veces toman un descanso y vuelven… ¡pero vaya que odio esos amores!

La depresión es la peor etapa del ser humano, sin embargo, el final de la depresión es la motivación, y eso, es un final feliz. El final del sexo es un orgasmo, y eso… es un final feliz. En la depresión odias todos los finales. Las personas fatalistas inventan finales alternativos a presentes que siguen en corriente. Los fatalistas deberían tener un final, al menos feliz.

No se puede odiar a las personas sin esperar un mal final. El odio tiene un mal final.

En la vida, las enseñanzas vienen de forma dolorosa. La madurez ayuda a afrontar dichas dificultades, ¿pero quién será tan afortunado de tener esa madurez en el momento adecuado y fomentarla como se debe? ¿Quién, cómo y dónde podrá aprender dicha materia? ¡Ojalá la enseñaran en la Universidad! Lástima que la única que lo enseña, es la vida… y a su tiempo. La madurez no nace del hoy, nace del ayer del hoy y del mañana. Adoro la noche y sus estrellas, detesto el final de la misma, aunque el amanecer es su final… y eso, es un buen final.

Adiós, amor. Eso es un final, ¿qué significa ese final? Me voy de casa y quise decirte adiós, amor, porque al final del día te veré y sé que eso es un buen final. Pero si es un adiós, amor de no te veré más o no te quiero ver más, ¿es un buen o mal final? El daño colateral está allí.

Cuando las parejas no se aguantan, cuando las parejas se persiguen, se gritan, se insultan, se absorben… no tienen buen final. ¿Cómo hablo de final sin saber cómo será el final de esta nota? No sé exactamente cómo es un final.

El final de la vida… ¿es un buen final o un mal final?

¿Cómo finalizas lo que lastima? Siendo fuerte… ¡actuando, maldita sea, actuando! Malditos los deseos, malditos los sueños y las promesas, de ellas vienen puras perdiciones. ¡Malditas las oportunidades fáciles! ¡¡¡¡MALDITAS LAS COSTUMBRES!!!

El fatalismo es nato en el ser humano, si algo empieza mal, termina mal decimos… ¿cómo lo sabemos? ¿Cómo es que eso termina mal? No lo entiendo…

¡¡¡NOSOTROS DECIDIMOS CÓMO TERMINA!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!! La vida es tan simple y vaya cómo la complicamos. Buscamos comodidades en brazos ajenos, nos alejamos de nuestro nido para buscar nuestro bienestar. Juzgamos y jugamos, perdemos y lloramos… ¡Odio los finales, pero qué necesarios son! ¿Qué tan sectario puedo ser? Odio los malos finales, adoro los buenos finales. Adoro el final del sexo, pero condeno el final del amor. ¿Cuál es la diferencia entre sexo y amor? ¿Es que acaso no van ligadas?

Desprenderse… ésa es la clave… irse… desaparecer… Me gustaría tener tanto dinero como Steve Jobs e irme en un viaje a la India y no volver en 8 meses… las comodidades del dinero. Las chicas se pierden por dinero, todo se pierde por dinero, ¡maldita banalidad humana!

Just a kiss… El final del beso es la caricia… el de la caricia el amor… el del amor el sexo… el del sexo el placer… el amor… ¡vaya final! Mi final favorito.

Pero el final que todos odiamos decir y en algún momento debemos decir es… Adiós, amor. No el Adiós amor de te veo en la noche, el adiós de amor de te amo, te llevas parte de mi alma contigo, te llevas todo mi corazón… pero debemos irnos. El final de la puerta abierta, el final de la constelación… el final del inicio de la galaxia, el final del inicio del amor. El final del inicio del ciclo, el final del fin.

Adiós, amor, adiós… El amor termina tratándose de candidaturas… como la política. Eliges la mejor candidatura, pero tu corazón… qué elige tu corazón…. Ojalá el final del amor fuera el final del río… el gigante mar, el infinito amor… pero el adiós, amor, es el final de todo. No existe vida más allá del amor, pero sí existen ganas de volver al amor… con vida.

Después de todo… Adiós, amor… 27/01/2011-12/02/2014.

Adiós… amor, adiós…

Adiós, amor… Adiós…

Adiós…

Impresiones sobre el Kindle Paperwhite de un venezolano

Ha pasado una semana desde que tengo en mis manos el Kindle Paperwhite que compré en Amazon.com, en mi viaje a Miami de diciembre fui en busca de él aprovechando el Free-Shipping que te ofrecían conjunto con el producto, considerando lo inestable, difícil y caro que es traer un paquete a Venezuela.

Cabe aclarar que daré mis impresiones como venezolano, el uso que le puedo dar desde mi país y cómo funcionaría dicho dispositivo aquí.

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Foto fuente abc.es

El Kindle Paperwhite es una pieza maestra muy económica para todo lo que puede ofrecer, por solo 119$ que serían 749.7 BsF al cambio oficial en mi país podemos decir que éste sería la mejor opción si eres un fanático de la lectura. La tinta para las letras que se usa en el dispositivo es magnifico, se lee sin problemas y no hace daño a la vista al momento de leer en la oscuridad. Funciona mejor que cualquier smartphone, laptop o computadora de escritorio y tablet. La luminosidad de la pantalla no deja nada qué desear, se lee perfecto durante el sol y con luz directa al dispositivo como en la total oscuridad sin hacer daño, la clave está en saber elegir la configuración de la luminosidad (que, incluso, Amazon te ayuda en las opciones dándote recomendaciones en el dispositivo).

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