Título sin nombre

Ha pasado más de medio año desde la última vez que escribí en este blog. Y cada vez que pienso en ello, me siento miserable. ¿Cuántas veces a la semana pienso en poder escribir o tener algo importante que decir para escribir? Pero lo que no me he dado cuenta, o no me había dado cuenta hasta hoy, es que este es mi espacio libre para hablar de lo que sea. Da igual si es interesante o no lo es. Cuando queremos mejorar en una actividad, muchas veces debemos hasta convertirlo en una rutina. Había leído que se necesitan 21 días para hacer de una actividad una rutina, pero ¿cómo haces que un ejercicio mental se vuelva una rutina? A veces me pongo a pensar que el ejercicio físico es mucho más fácil que el mental. Si tienes que correr diariamente, solo te levantas a correr y listo. Pero si debes sacar tu genio creativo, no puedes solo sentarte y ser creativo. No es tan fácil como una simple decisión. O al menos eso sentí en el último año que pasó. Escribir fue tan o más complicado que estudiar mecánica cuántica.

Este año tampoco ha habido muchos cambios positivos, es febrero y a penas escribo la primera entrada del blog. Me imagino que de hacer 0 a hacer luego 1 lo podemos llamar mejora, pero no me hace sentir del todo bien cuando en las metas de todos los años escribir diariamente es una de ellas, que siempre termina en puro fracaso. Perdiéndome e las obligaciones del día a día, del trabajo, del tráfico o de pensar en tonterías, dejo de hacer una de las cosas que más amo en la vida; aun cuando no lo hago del todo bien.

Claro que he escrito para revistas, artículos de interés o incluso cuestiones del trabajo, pero no siento que todo el poderío de mi mente haya estado en ello. Tampoco es que el poderío sea enorme, pero al menos no es tan sustancioso como lo sería antes. El problema es que no sé a qué se debe. Leía en algún momento que escribir un ensayo es lo mejor que puedes hacer: te ayuda a organizar las ideas, desechar aquellas débiles y poner sustento a las otras que parecen ayudar al tema principal. Es como hablar con un psicólogo, solo que esta vez te juzgas tú mismo. Escribes para ti y por ti, para leerte. Para saber cómo te va o en qué estás pensando. En la escena de la película de ayer, en el sueño que tuviste o en lo extraño que te parecía la hoja que se cayó de forma diferente esta mañana en la calle de todos los días. Un buen escritor es aquel que puede transportar todos sus sentimientos a la palabra escrita o aquella que puede hablar de cualquier tema haciéndolo interesante.

Tengo la mala costumbre de escribir muchísimas cosas y luego no corregirlas y simplemente publicar (eso cuando es en mi propio blog, claro), pero me encantaría poder corregir sin luego eliminar todo lo que había escrito y olvidarme para siempre de lo que estaba haciendo y luego leer y sentirme fracaso… una vez más. Imagino que esta situación se puede extrapolar a todos los puntos posibles existentes, desde estudiar hasta hacer entrenamiento físico.

Últimamente he estado escuchando música melancólica para calmar los ánimos, para sentir que hago cosas de interés espiritual y que soy una persona con intereses profundos. Pero la verdad es que no lo siento de esa forma, solo la estoy disfrutando y nada más. Y por hoy, me quedé sin palabras, sin pensamientos. Lentamente vuelven.

 

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