Camino al glaciar: Pico Humboldt

Ha pasado casi un año desde el momento en el que una expedición para culminar un curso de Alta Montaña nos llevó de nuevo a la bella Mérida, ubicada en Venezuela. Allí está un parque nacional llamado Sierra Nevada, el cual posee los 6 picos de los 10 más altos de toda Venezuela.

Existe una ruta famosa que muchos montañistas venezolanos y alrededor del mundo quieren completar cada año: la ruta de las 5 águilas. Llamada: la gran travesía, la cual busca hacer el pico Bolívar, pico Humboldt (el único con glaciar durante todo el año actualmente), pico la Concha, pico el León y pico el Toro.

Nosotros, como práctica del curso de Alta Montaña fuimos al pico Humboldt en septiembre del año 2013. El año pasado publiqué “comemontañas: mi experiencia en la sierra de la culata“, en la última foto se puede apreciar el pico Humboldt visto desde la Sierra de la Culata (al norte de Mérida).

humboldt

Una maravilla más de la naturaleza venezolana y la gran diversidad de ambientes que podemos encontrar en el país tropical.

Todo empezó el día de la llegada a Mérida, como de costumbre, nos paramos unas horas en el terminal a hacer las últimas compras y a esperar que el Jeep que nos llevaría hasta “La Mucuy”, subiendo por un pueblo llamado Tabay donde subiríamos a la base del Pico Humboldt, el segundo más alto de Venezuela.

Grupo completo al Humboldt - CulturaALT

De izquierda a derecha: Gabriel, René, Juan, Yesenia, Vidal, Yo, Yuri, Luis. Abajo: Jacinto.

Al llegar al puesto de guarda parques, pedimos los permisos necesarios, hicimos los últimos arreglos a los bolsos, pusimos las linternas a mano y ¡bolsos arriba! Todo empezaba en ese momento. La entrada al parque fue después de mediodía, de hecho, se estaba haciendo un poco tarde, los guías querían apurar el paso puesto que el primer campamento quedaba a unas 6 horas con peso y con luz de día, si las condiciones ambientales son diferentes, todo el tiempo podía cambiar.

El camino era un espectáculo, empezaba en un bosque con un amplio espacio de caminata entre barro, ramas, árboles enormes y muchos insectos que nos pasaban por los lados a cada minuto. Al principio parecía que no hubiéramos salido del Ávila, en Caracas, puesto que el paisaje se parecía a la ruta de el río “Paraíso”. Íbamos avanzando en zigzag a través del bosque aumentando poco a poco la altura, nos encontramos un pequeño amigo que lamentablemente no pudimos tomarle foto: un caracol un poco grande que iba pasando por el camino justo cuando cruzábamos por allí. El camino en sí fue bastante largo, había inclinaciones muy variadas que nos iban haciendo entrar más y más en las montañas, directo al corazón del bosque. Cuando menos lo pensamos empezamos a enfrentar subidas un poco (bastante) inclinadas, entre ramas y rocas gigantes sedimentadas con muchísimos años ahí. Se hacía de noche y era hora de sacar las linternas, el día se vino abajo muy rápido y el poco paso de la luz a través de las múltiples ramas en el ambiente hacia que todo se hiciera mucho más complicado. Empezaba el frío común entre un montón de árboles y la desesperación por llegar al campamento por cansancio y hambre, nuestra última comida fue un desayuno en el terminal.

En uno de los cruces claves que se pueden perder en la noche, nos pasamos a un lugar que los guías no podían reconocer, era una especie de cueva pequeña creada por una inmensa piedra atravesada en el camino. La cueva bajada a través de dos piedras pegadas creando una especie de pequeña chimenea, debíamos bajar por allí con los bolsos y continuar por un camino nada marcado entre hojas secas y barro hasta llegar al río y seguir a su lado izquierdo subiendo hasta la laguna la coromoto. Para este momento ya no estábamos tan lejos de la misma, duramos una hora más hasta llegar al campamento de la laguna, donde nos llevamos tres sorpresas: habían unos argentinos o españoles, no recuerdo bien, que venían con un guía de Mérida de haber intentando ascender al Glaciar del Humboldt. Segunda: todo el lugar era un asco, había una especie de chimenea para poder cocinar adentro de ella, construida con piedras. Detrás de ella un espacio que estaba lleno de basura por doquier. Para una montaña tan bella y para un patrimonio de la humanidad esto era una vergüenza. Culpo a las personas que iban allí y no eran capaces de llevarse su basura, a los campistas que la vieron y no fueron capaces de ayudar a llevarse al menos un poco y además al Gobierno por la negligencia en estos sectores. Por último, nos encontramos la mejor sorpresa de todos. Un compañero que nos guiaría hasta la verde. Lo llamamos Alpamayo y por cariño: Alpa.

Alpa - CulturaALT

Alpamayo, por cariño: Alpa.

La noche fue cálida, muy diferente a la única visita que había hecho en Mérida: la sierra de la Culata. Estábamos en medio de unas montañas alrededor de nosotros que nos protegían del viento, había al lado un poco de la laguna y más allá, pasando unas pequeñas rocas la laguna en todo su esplendor. Comimos, dormimos y al despertar, el sol nos dio la cálida bienvenida para otro día duro de caminata, 6 horas más se calculaban para llegar a la Laguna Verde, lo que sería la base del Pico Humboldt.

En la mañana decidimos tomar todo con calma, arreglar los bolsos, hacer los desayunos y ¿por qué no? Ir a darnos un chapuzón en la bella Laguna la Coromoto, a pesar del frío, era “apacible” estar ahí adentro. El sol nos pegaba de frente y por eso nos podíamos dar tal lujo.

Laguna la Coromoto - Cultura ALT

Laguna la Coromoto, Mérida. Primer campamento.

La laguna, en el momento correcto, era el espectáculo entre el cielo y el agua, ¿dónde estaba el cielo? El color, la iluminación y las bellezas se juntaban todas para crear una armonía celestial. Nos deleitaba con cada pequeño rayo, con cada pequeña gota de agua.

Laguna la Coromoto - CulturaALT

Yo, sentado al frente de la Laguna.

Luego de darnos un respectivo baño en la laguna para aumentar los lugares más altos en los que me he bañado, continuamos caminando, la caminata era por la izquierda de la Laguna, una subida pronunciada en medio de muchísimas morrenas que si no estabas pendiente, podías desorientarte fácilmente, para suerte de toda las personas que alguna vez se han dado la tarea de subir para el Pico Humboldt, había marcas, o “hitos” como le llamamos que nos indicaban cuál era el camino correcto o si no te habías perdido tan rápido.

Laguna la Coromoto - Cultura ALT

La laguna Coromoto desde lo alto, ya pasando por las morrenas.

Luego de pasar por millones de morrenas (en serio, eran infinitas), llegamos a un pequeño camino que se abría en un especie de sendero al lado izquierdo de la montaña para continuar su ascenso por esta parte. Llegamos, en su momento al puente de los quemados, un puente construido en madera para pasar una parte que no tiene “camino aparente”, sujetado con unas vigas a los lados y muy firme para asegurar el paso seguro de los excursionistas. Luego de pasar ese fuente decidimos hacer una parada “estratégica” para comer algo y descansar.

Alpa - CulturaALT

¿No es hermoso? Esto fue antes de cruzar el puente.

Todos - CulturaALT

De izquierda a derecha: Gabriel, Yuri, Vidal, Yo, René, Juan, Yesenia. Abajo: Luis, Jacinto.

Algunos eran más fuertes que otros y no tardaban tanto en seguir hacia arriba, hasta nos podían esperar acostados… por mucho tiempo… mucho.

Alpa - CulturaALT

Alpa acostado al lado de un frailejón esperándonos.

Lo que venía luego de este descanso no era nada bonito, seguía un pequeño sendero donde habían frailejones por todos lados y una vista espectacular hacia el valle. La laguna Coromoto no era ya visible desde el punto donde nos encontrábamos, solo se visualizaban las morrenas ya superadas y las montañas a los lados.

Lo que seguía en el camino eran caminos (luego del sendero) muy pequeños entre piedras y agua. Para el momento que empezamos a llegar a los lugares donde había mucha piedra con pequeñas rendijas que podían formar pequeños riachuelos empezó a llover. La lluvia hizo todo más lento y más peligroso… ¡y claro, más frío!

Subida a la Verde - CulturaALT

La subida a la verde luego de las morrenas

Nuestros caminos eran por eso pequeño que se ve a la izquierda cruzando riachuelos infinidades de veces para poder llegar a la Laguna Verde.

Luego de un gran esfuerzo en la subida, llegamos a la Laguna Verde, vislumbrando el imponente Pico Humboldt, sin embargo, para el momento solo se podían ver destellos del mismo, había parado de llover, pero la neblina era muy densa.

Todos - CulturaALT

Esperando que en algún momento la vista hacia el Pico Humboldt se despejara

Ahora venía una de las cosas más difíciles de la ruta, uno de los pasos que más miedo me habían causado. El cruce de un río con un barranco de lado. Para poder pasar al campamento de la Laguna Verde se debía cruzar el río que nacía de ella, el problema no era mojarse las botas o meter las piernas hasta las rodillas, el problema era que la corriente era muy fuerte y te llevaba directo al barranco por donde seguía el río. Uno a uno, pasamos como pudimos este pedazo hasta llegar a un sendero que te llevaba arriba para pasar al otro lado de la laguna. Luego del sendero había una roca que había que pasar pegado a ella agarrándose con un poco de técnicas de escalada muy básicas. Al momento en que llegamos al campamento ya era de noche, pero al menos el día de mañana sería un día de descanso.

Laguna Verde - CulturaALT

Laguna Verde, vista desde el ascenso al pico Humboldt por la ruta de “Las cascadas”.

Laguna Verde - CulturaALT

¿Por qué no bañarse también en la Verde?

Frailejon - Laguna Verde

Frailejón en el camino.

El día de descanso fue aprovechado para un chapuzón, para tomar fotos a la naturaleza y poder descansar para en la madrugada del próximo día salir a lo que vinimos: al glaciar del Pico Humbodlt. Los guías decían que la ruta para el día de mañana sería casi 6 horas en ascenso continúo a través de mucha roca suelta, hasta llegar a la base del Humboldt y luego poder ascender por su glaciar.

Llegó la hora: era casi la una de la mañana cuando había que levantarse para tomar comida de ataque y empezar el ascenso al glaciar del Humboldt.

Era un camino un poco fácil pero muy exigente, era una subida continúa donde nos tropezamos con barro y pequeños riachuelos que nos pasaban por el lado hasta llegar a la Laguna Verde, la roca suelta y la constante subida no lo hacían nada fácil. Pero al momento del amanecer, todo parecía bello de nuevo, todo parecía resplandecer en el interior de nuestro ser para explotarlo en energía y seguir subiendo.

Amanecer

Amanecer

Luego del amanecer no pasó mucho tiempo hasta que llegáramos a la base del glaciar. Nos pusimos nuestros crampones, nos enondarmos y empezamos el ascenso por el glaciar. Todo en ese momento había valido la pena, caminar por nieve de montaña, disfrutar de las vistas en la altura y por fin practicar todo lo que se aprendió en varios meses no tenía precio, la felicidad era infinita.

Glaciar y pico Humboldt - CulturaALT

Glaciar y pico Humboldt.

La subida por el glaciar no tomó más de 30 minutos, llegamos a un terreno “estable” del mismo donde nos sentamos para descansar, tomar agua, comer algo y decidir si se podía hacer cumbre o hacer las prácticas del glaciar que fueron pautadas para el curso.

Todos - CulturaALT

Todos en el glaciar del Humboldt.

El clima era perfecto, la nieve no estaba blanda y se podía ver el pico, solo quedaba ir a por él. Decidimos ir al pico,  para llegar a él se necesitan un poco de técnicas de escalada, pasar una pequeña pared de roca, avanzar con mucho cuidado en la línea fina que se encontraba desde el ascenso en la pequeña roca hasta la pico en sí. Al ver la subida en roca y escuchar los comentarios de mis compañeros que subieron este pedacito de roca decidí que no subiría, decidí que no estaba preparado psicológicamente para llegar a esos riesgos. No subir fue una decisión difícil, pero inteligente, pudo haber terminado mal si una crisis hubiera aparecido en el medio de la nada.

Cumbre - CulturaALT

Mis compañeros en la cumbre del Pico Humboldt. ¡¡Finísimo!!

Mientras ellos subían la espera era interminable. El clima cambiada a cada minuto, desde una pequeña lluvia de 1 minuto hasta un sol radiante que te quemaba la piel, desde un viento helado hasta una calma extraña. Todo era muy raro ahí, esperando abajo. Al momento que bajaron hicimos las prácticas en el glaciar que eran necesarias.

Prácticas - CulturaALT

Prácticas en el Glaciar.

En las prácticas de glaciar pasó algo inesperado. En el momento que me tocaba probar cómo era frenar con un piolet en una hipotética caída, fui corriendo hacia la pendiente y me lancé de cabeza, al poner el piolet en la nieve pude voltearme, todo sin problemas. Al levantarme de allí, todo parecía normal, hasta que al caminar sentí un pequeño ardor en mi pierna derecha. De alguna forma que nunca pude saber, me corté con los crampones, me abrieron el mono que cargaba puesto (rompiéndolo) y rompiendo superficialmente la piel. La herida parecía seria porque tenía restos de nieve en la sangre, sin embargo, no lo era tanto. A pesar de aún, un año después, tener la marca.

Prácticas - CulturaALT

Prácticas en el glaciar.

La bajada del glaciar fue muy dura, por la larga espera me empezó a dar un poco de mal de altura, me sentía fatal, entre mareado y con muchas náuseas, hasta con fiebre. Este fue uno de los momentos más difíciles de toda la ruta. Al bajar, Yuri (el guía) también se sentía mal, decidió ir rápido sin esperar que todos se quitaran los crampones y se desencordaran. Yo lo seguí debido a que necesitaba urgente bajar y tomarme algo para calmar la fiebre y el mareo. Yuri bajaba derecho por el camino siempre observando hitos que habían en las cercanías, yo, por mi parte, recordé que cuando veníamos subiendo íbamos en diagonal, por esta razón quise hacer lo mismo de bajada para llegar más rápido, además que bajar en diagonal se hacía mucho más cómodo que directamente, lastimaba menos a las rodillas.

Al hacer esto, continué, siempre observando a Yuri, por los caminos en medio zigzagueo, hasta que me alejé un poco más…  más y más… habían pasado 5 minutos desde la última vez que había visto un hito cerca de donde me encontraba. Al voltear para buscar a algunos de mis compañeros y guiarme junto con alguien, vi que no había nadie. Decidí regresar, en el momento que decidí regresar, entre la roca suelta me resbalé, para caer al frente de la roca al lado de un vacío, no terminé de caer porque me sostuve con todas las fuerzas que pude reunir en mis brazos para quedarme guindando, los pies no encontraban comodidad por ningún lado y ne mi mano se encontraba mi piolet y una bandana que estaba a punto de ponerme en la frente. Decidí soltar todo lo que tenía en la mano: la banada la perdí, el piolet solo quedó guindando puesto que lo tenía amarrado en el arnés. En el momento que vislumbré mi situación intenté bajarme un poco más de escalón para ver si podía tocar el piso, el piso estaba muy lejos y la caída hubiera permitido que se me doblaran los tobillos o las rodillas para seguir cayendo directo a un vacío que terminaba en el camino. Pensé en todo, tuve miedo, sudé de miedo. Pensé en que no quería morir, pensaba en que alguien me esperaba en casa, pensé en mi novia. Luego de todos mis pensamientos fatalistas decidí calmarme, aún guindando y con mucho dolor ya en los dedos de las manos, respiré y vislumbré una pequeña pared que se alzaba a mi lado donde coloqué el pie para intentar impulsarme e irme hacia arriba. Fue un fracaso. Me resbalé más y perdí el control de una mano que terminó resbalando también, la volví a colocar y con todas mis fuerzas hice una barra y coloqué las rodillas en la punta de las rocas afiladas cortándome las rodillas pero pudiendo al fin subir. Había pasado uno de los peores sustos de mi vida, nunca olvidaré mis recuerdos en el momento, el frío y el silencio que presencié en el momento en el que la desesperación hubiera permitido que cayera. Aprendí a tener calma en situaciones de mucho riesgo, o eso creo.

Mérida - CulturaALT

Jugando con la cámara.

Al terminar de bajar me hice una sopa y me fui a dormir. No supe nada más hasta el día siguiente, el día que debíamos irnos de nuevo a Mérida. Bajar todo lo que subimos en dos días, en solo uno.

La bajada fue terrible. Desde la verde hasta la coromoto se hizo casi infinito pero llegamos aún de día. El sol resplandecía alrededor de nosotros cuando llegamos, encontramos a unas personas friendo unas truchas que habían pescado y decidimos allí hacer una parada para recoger en bolsas de basura todo lo que pudiéramos llevarnos. Nos llevamos en total 6 bolsas negras grandes de basura, puestas de cualquier forma en el bolso. La bajada desde la Coromoto hasta la Mucuy fue el infierno. Parecía nunca acabar, parecía que nos hubiéramos perdido en el medio de un bosque mágico para terminar en cualquier lugar dando vueltas hasta el final de los tiempos. Fue terrible.

Llegué apenas se había ocultado el sol al puesto de guardaparques, con mucha hambre, cansado pero extremadamente feliz por todo lo que se consiguió.

Me quedó una espinita por hacer el pico Humboldt, pero pronto iré a por él.

La mucuy - CulturaALT

Yo, al final de la ruta. Destruido, pero feliz.

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4 comments

  1. Wow, ¡experiencia intensa! Me alegra mucho que la compartas y que hayas podido vivir eso, de verdad se ve que son senderos hermosos, prístinos. Qué lástima por lo de la basura allá, eso es un mal que tenemos ahora en todo nuestro territorio. Los parques nacionales en general, que son espacios para el mantenimiento de parajes naturales únicos, están siendo explotados sin conciencia. A pesar de que, así como ustedes, no es nada difícil disfrutar de sitios tan hermosos sin ensuciarlos.

    Algo que no entendí del todo: ¿fueron en Septiembre de 2013? (entiendo que sí). En ese caso, me imagino que no habías tenido oportunidad de subir tu crónica al blog hasta ahora. Excelente que lo hicieras de todas formas. Debió ser aterrador la experiencia del resbalón en la piedra.

    Además: ¡Excelentes tomas!

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    1. Sí, exactamente, fue de septiembre del año pasado, pero no había tenido la oportunidad, uhm… no, no había tenido las ganas de escribir esto hasta ahora. Mis recuerdos no eran tan nítidos pero al menos capturé las cosas que me parecían muy importantes. Este domingo otro grupo se va, lamentablemente no podré ir por lesión.

      Gracias por leer la historia, es un poco larga. 🙂

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  2. exelente experiencia me alegra mucho saber q alguna personas s preocupan por la basura , q sin importar quien las dejo las recojen.el montañismo es un logro q no muchos saben disfrutar al maximo. felicidades

    Le gusta a 1 persona

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