El final del camino

Las personas se suelen acostumbrar a que todo puede ser un juego. En la vida, en el mundo real donde las decisiones demarcan caminos debemos acostumbrarnos a que no es así. Los jóvenes, de por sí, creemos siempre que jugar con el tiempo nos hará mayores. Creemos que las decisiones jamás tienen consecuencias.

Sinceramente, me siento fuera de foco escribiendo sobre algo más que no sea la situación en mi país. Sin embargo, no puedo obviar estos sentimientos. No puedo obviar lo que está sucediendo ahora mismo en mi interior. Más allá de lo que me afecta la situación, se me hace difícil dejar los temas de lado. La vitalidad de mis acciones se decantan por cómo me siento en el día, es cierto que ser tan temperamental no ayudará en proyecciones de futuro, pero… no puedo evitarlo.

El lunes, luego de los hechos tan transcendentales he podido notar cómo obviar para las personas se ha vuelto un tema tan sencillo. Esta semana, he podido reconocer que soy tan inmaduro como mi edad me lo demuestra. Por ahora se me hace imposible creer que la madurez venga con la edad, después de todo, es con la experiencia. Pero la experiencia también la hace la edad. Es un tema complicado.

En las complicaciones de los temas amorosos, se me hace difícil ignorar cada ámbito del mismo. Suelo ser del tipo de personas detallistas y atentos, solo no se puede ser siempre como se quiere, o como se debe. Con la sensibilidad no se gana demasiado en tiempos de crisis, en esos momentos se debe actuar con mente muy fría. Sabiendo que todo lo que sucede no puede ser detenido. No se puede detener el mundo para que Mafalda se baje. Se debe correr con él. Seguir en su camino, en su línea de vida en esta galaxia infinita. Saber que el fin de los ciclos decantan inicios de otros más, y no solo de ciclos, saber que los ciclos significan repeticiones, saber que se debe buscar estabilidad en una línea recta. Reconocer que los circuitos no traen emoción, no traen moción, no traen primicias, solo traen círculos.

En mis conversaciones con compañeros de la Universidad, recuerdo una muy importante. No fue exactamente con un compañero de la Universidad, pero sí con un universitario. Ese día estábamos discutiendo sobre un tatuaje que tiene en el pie. Su tatuaje era un círculo verde y nada más. No puedo hablar por nadie más, por supuesto, pero para mí era algo interesante. ¿Por qué un círculo? Me respondió que significaba la perfección. Todo es circular. El ciclo de la vida, el ciclo de las galaxias, el ciclo del mundo. ¿Cómo esto no puede ser una contradicción para mi firmeza sobre las líneas rectas? ¿Cómo se puede seguir una línea recta en un mundo circular? ¿Cómo se sigue el rumbo de lo que se quiere a lo que es?

Tratemos de imaginar un nuevo espacio, donde los humanos no dicten las reglas, no redacten las leyes y no levanten ideologías. Donde no den mandatos ni instalen parámetros de cómo debería ser. En ese mundo, ¿qué nos importaría? Es una lástima que no pueda dar veredictos o tener una posición clara en mis entradas sobre este tipo de temas. Lo lamento.

He estado preguntándome por qué me importan eso que tanto me importa. ¿Qué lo hace importante? ¿Dónde está la naturaleza de la importancia que le doy a las cosas? ¿A mis sentimientos, a mis seres queridos, a mis objetos?

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