Comemontañas

Varios intentos fallidos de dar un viaje que prometía ser espectacular llegó al fin después de 7 meses de planear el primero, era 21 de Julio del año 2013 cuando llegamos al Terminal de Mérida. Pasaba la mañana y luego de pasar más de 12 horas en un autobús habíamos perdido quizá la sensación en varios músculos. El hambre atormentaba y el calor de la ciudad florecía.

Tiempo de hacer las compras antes del trekking, recargar baterías con un poco de comida, terminar los preparativos y por último: montarse los bolsos. Pasamos por la ciudad y llegamos al casco de la ciudad de Mérida para en la Av. 2 tomar el autobús que nos llevaría a la entrada del parque nacional Sierra de la Culata.

Llegó el mediodía cuando nos cargamos los bolsos definitivamente. Luego de la despedida y unas cuantas fotos, nos tomamos una chicha, algunos comieron fresas con crema y empezamos el camino hacia el primer campamento. Según los guías era más allá de El Valle de los muertos y del Refugio número 2 (último lugar donde vimos personas hasta el último día del camino). En este camino tan preciado la vista era preciosa, sin haber empezado realmente el estar a más de 2900 msnm hacía que el frío apareciera un poco y la vista de los pueblos adyacentes resplandecieran en la poca luz del sol que teníamos por la alta densidad de nubes que nos rodeaban. Finalmente… comenzamos.

De izquierda a derecha: Jacinto, Yuri, Vidal, René, Patricia, Alejandro. Abajo: Yo.

De izquierda a derecha: Jacinto, Yuri, Vidal, René, Patricia, Alejandro. Abajo: Yo.

Ruta: Sierra de la Culata – Aguas termales del Musuy.

La caminata no prometía ser tan dura y siguiendo los consejos de nuestra compañera (la única que antes había pasado por esta misma ruta) el primer campamento sería levantado cerca de El Valle de los muertos. Pues bien, el camino empezaba y no se levantaba demasiado, se veían turistas por doquier llegando un poco lejos en el camino para ver montaña sin civilización. Un mar de colores con inclinaciones engañosas en las alturas de los frailejones. Los caballos, el río un poco contaminado y la escasa carretera que seguíamos terminaría pronto, al llegar justo al puesto de guarda parques de El Jarillo.

Como en cualquier expedición, y más si no se sabe la ruta, empezó la primera gran decisión, ¿cuál era el camino real? ¿Por dónde debíamos ir? ¿Qué camino nos levaría realmente al Valle y además luego nos guiaría a la base del pico Pan de Azúcar?

La tarde caía y las dudas asaltaban a solo el inicio de la ruta que prometía espectáculo y paz. La ansiedad aumentaba y por no poder ayudar simplemente (los cursantes) debimos quedarnos mirando mientras los guías (que tampoco sabían pero tenían un gps) identificaban la ruta.

Luego de 1 hora subiendo y bajando al P.G.P. El Jarillo para poder identificar la ruta o preguntarle a alguien nos encontramos a un señor de un aspecto un poco extraño. Vestía mono y camisa como cualquier campista, estaba descalzo y tenía el bolso típico de trekking, de unos 75L. Se acercó a nosotros y empezó a charlar sobre lo que podía ser la ruta, cómo llegar y largos etcéteras explicándonos un poco más de las dos formas para llegar. La primera y para nada placentera (la ruta difícil y corta) que nos llevaría unos 30 minutos o menos, y la otra ruta que fue la que tomamos, más placentera y con más zigzagueo.  Le preguntamos de una vez la ruta para el pico Pan de Azúcar donde más abajo nos habían comentado que estaba nevado (¡wao!). Le preguntamos cómo llegar, curiosamente agarró una botella de 2 litros de Coca-Cola y señaló dónde estábamos en ese momento en su envase plástico, nos explicó que el camino más bonito era derecho por el valle, subir a la ventana pasar barro negro y llegar al refugio para ascender al pico en recta, así, un camino para comemontañas.

El camino empezaba...

El camino empezaba…

Tomó poco tiempo o nada para que la carretera terminara, antes de realmente empezar había una señora que se graduó en la UCV (ya no recuerdo de qué) y luego se fue a Mérida porque le fascinaba. Hizo el posgrado allí, en la ULA. Le fascina la montaña y nos explicó un poco más, sin menos baile y con más coherencia el camino hacia el Valle de los muertos. Seguimos derecho siempre, justo como había dicho la señora y terminamos en la entrada del famoso Valle. Me he preguntado durante muchos días cual es el origen del nombre que tiene, Valle de los muertos… Es extraño. En internet jamás encontré nada y nunca tuve la oportunidad de preguntarle a algún residente del Estado que supiera realmente porqué vino el nombre, o mejor… que nos contara historias que le contaba su Abuela, de esas que jamás mueren, y aunque no creas en lo que cuentan, igual te asustas.

El Valle de los muertos resultó ser espectacular, vimos a algunas personas en sus alrededores, unos cuantos caballos (incluso uno que hacía lo que el icono hace -> :P) y turistas disfrutando del paisaje. Decidimos descansar un poco para luego seguir, comernos algo tal vez y tomarnos algunas fotos.

:P

😛

El camino seguía entre las curvas de las montañas imponentes, el cielo de un tono gris variado ante el mar amarillo que se extendía ante nuestros bendecidos ojos, los frailejones florecían; era sin duda el mejor momento para ir a ese lugar. Un mar nos inundaba mientras caminábamos en el medio de aquella colosal magia de colores a la luz del poco sol que las nubes dejaban asomar.

Mar de Frailejones.

Mar de Frailejones.

La vista empezaba a agradecer ante la belleza natural mostrada, las piernas empezaban a sentirte más emocionadas ante la montaña. El corazón y la mente se conectaban para formar una respuesta automática ante la belleza de los paisajes, el asombro salía ya del alma, no de las palabras ni los actos. Debíamos seguir caminando y atravesar el Valle de los muertos para llegar al sitio de acampada, Las cascadas. El Valle de los muertos quedaba atrás cuando caminábamos en el medio del mismo atravesando el gran mar de frailejones y ascendiendo hacia una pequeña ventana donde podía ver un poco más la Cascada del Duende y el refugio número 1. En el Refugio número 1 habían personas acampando. El río nos mostraba su agua cristalina y el sol hacía sus esporádicas apariciones para recordarnos que no estábamos abandonados, su luz nos acompañaba por el medio del la construcciones naturales. Algunos hablaban, otros cantaban y los demás simplemente pensaban.

Al pasar el refugio 1 y estar cerca del 2 nos encontramos unos ciclistas que venían a toda velocidad por el valle, nos comentaron que nos faltaba nada para el refugio 2 y siguieron su marcha, que luego nos dimos cuenta estaban más allá de Barro Negro. Venían tal vez de la ventana (¡sí, de esa subida!). Era increible, esas personas tenían la fortaleza que a muchos falta.

Llegamos al primer sitio de acampada, el sol nos acompañó durante todo el camino y nos iluminó lo que habíamos recorrido, podíamos visualizar…

Vista desde el primer sitio de acampada.

Vista desde el primer sitio de acampada.

El primer día había sido espectacular como prometía, a pesar de ser una pendiente muy poco inclinada surtió efecto en el cansancio, dolía tanto en las piernas que el segundo día asustaba un poco. Sin embargo, luego del primer día del campamento la motivación personal estaba a millón. La motivación grupal se veía alegre, divertida, se presumía un aire de compañerismo en el ambiente. ¿Es que acaso esas personas que están acampando contigo no se vuelven parte de tu familia? Pues sí, es entonces cuando empiezas a cambiar tu concepto de familia, de amistad, de compañeros.

Segundo día

El segundo día empezó un tanto normal, no terminaba de acostumbrarme al lugar donde estaba a pesar de la comodidad que sentía con el ambiente. El agua congelada (no literal) formaba ya parte de ese día, todo se debía hacer con ella. El sol estaba reluciente y la brisa suave, se podía observar las montañas y nuestra próxima meta a pocos minutos: La ventana del Pan de Azúcar. La verdad es que de todo el viaje, la parte más difícil fue esa ventana. La subida era de otro mundo, no podía soportar tanto peso en una subida tan inclinada (y sin embargo, no lo era tanto como el Pico Oriental del Ávila). Atrás se podía visualizar el sitio de acampada, la cascada del duende y el maravilloso valle que acabábamos de atravesar.

Desde la Ventana, la vista del gran Valle de la Culata.

Desde la Ventana, la vista del gran Valle de la Culata.

La llegada a la Ventana pasó y empezaron subidas leves hasta el sitio de acampada de Barro Negro, el camino ahora parecía un poco más sencillo, el Barro Gigante que dejábamos atrás dejó mucha curiosidad sobre qué podía existir allí mismo. Empezó el hielo a caer del cielo, pasaba el mediodía y las nubes se apoderaban de todo el territorio, el hielo del granizo empezó a caer sobre nuestras caras acompañadas por pequeñitos copos de nieve. Nos perdimos para encontrar el lugar de campamento y por desafortunados, jamás lo encontramos. Acampamos en el peor lugar posible, un lugar con muchas piedras, lleno de mucho barro y con el viento azotándonos. Hacía frío, tanto frío que la palabra frío tal vez no pueda describir el frío que hacía. Nos acostamos para agarrar calor mientras los guías hacían la ruta de reconocimiento para hacer al siguiente el maravilloso Pan de Azúcar. Pasaron las horas y el viento no se detenía, la lluvia se detuvo por fin luego de 2 horas. Al salir… la mejor sorpresa para el día… ¡¡el pico Pan de Azúcar y el Pan de Sal completamente nevados!! Había nevado mientras caía el granizo y la lluvia, ¡era maravilloso!

El pico de la izquierda el Pan de Azúcar y el de la derecha el Pan de Sal.

El pico de la izquierda el Pan de Azúcar y el de la derecha el Pan de Sal.

Luego de esa sorpresa, lo que sucedió era totalmente predecible, pasé la noche más fría de toda mi vida.

Tercer día

En el tercer día todo sucedió muy rápido, nos levantamos para recoger el campamento y hacer el desayuno, el frío insoportable del día anterior ya había cesado. Al menos era completamente soportable el frío que sentíamos. Fuimos al Pan de Azúcar para gritar cumbre… mi primera cumbre de más de 4000 msnm., ascendimos a 4680 msnm, la cumbre del Pan de Azúcar. Pasamos por frailejones gigantes de más de 2 metros, ascendimos en arena hasta la cumbre viendo a nuestras espaldas las grandes lagunas y las otras maravillosas montañas. Estábamos tan altos que observar nuestro campamento era imposible, ni siquiera un pequeño punto era observable. La cumbre de la montaña era inexplicable, a pesar del frío y de los fuertes vientos pudimos disfrutarlo muchísimo, la poca nieve que nos acompañaba era maravillosa. La vista era espléndida e inolvidable. Un recuerdo imborrable, el primero de muchas cumbres de más de 4000 msnm, aquí empezaba la verdadera historia del montañismo para mí. Mi historia personal, capaz de poder escribirla con pluma puesta en mis pies, el final del libro será cuando esos pies dejen de derramar tinta.

Estoy sentado en la cumbre del Pico Pan de Azúcar, observando el regalo de la Madre Tierra.

Estoy sentado en la cumbre del Pico Pan de Azúcar, observando el regalo de la Madre Tierra.

Todo el grupo en la ¡¡CUMBRE!!

Todo el grupo en la ¡¡CUMBRE!!

El camino hasta la ventana para llegara la Musuy se hizo muy agradable, el viento era tan fuerte que nos arrimaba a pesar del peso propio y el del bolso, pasamos por lagunas increibles a nuestro lado y en la ventana pudimos, por fin, observar la Laguna Carbonera y Escopeta, era la última noche para acampar y la experiencia había sido maravillosa.

Nos bañamos en la Carbonera y el agua era tan fría que podía paralizarte, el suelo eran algas y no era nada agradable pisar en ellas.

Cuarto día

El cuarto día y la tercera noche fueron los más placenteros, la noche fue cálida y agradable, jugamos cartas hasta tarde y nos levantamos con mucha relajación para empezar el nuevo y último día en la montaña. Bajamos por la gran bajada hasta la Musuy y terminamos en un lugar muy caluroso luego de tanto frío en la montaña, al pasar tantas horas caminando pudimos culminar nuestro viaje en las maravillosas aguas termales de la Musuy. El viaje fue espectacular, placentero, indescriptible, mis palabras se han quedado un poco flojas ante tan maravillosa experiencia.

La Vista desde el tercer campamento, al fondo, el pueblo de Mérida aún no tan visible.

La Vista desde el tercer campamento, al fondo, el pueblo de Mérida aún no tan visible.

En las Aguas Termales de la Musuy.

En las Aguas Termales de la Musuy.

Los comemontañas al final de todo, terminaron toda su travesía, terminaron en aguas termales y se habían preparado para otro viaje en el cercano Septiembre del mismo año, el objetivo sería el imponente Glaciar del Pico Humboldt de la Sierra Nevada de Mérida.

El próximo objetivo: el Pico Humboldt. Visto desde el Pico Pan de Azúcar.

El próximo objetivo: el Pico Humboldt. Visto desde el Pico Pan de Azúcar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s