Sapere aude!

Sapere aude!

La gran frase en latín que quiere decir: “¡Atrévete a saber!” terminó siendo popularizada por Kant cuando en uno de sus escritos lo escribió mientras explicada qué era la ilustración. En nuestro tiempo, en el siglo XXI y siendo escrito esto cuando Prusia aún existía es impresionante cómo todavía algunos no se han atrevido a usar su propia razón. Sin embargo, cuando notamos un poco nuestro exterior y observamos que el mundo se está yendo a un abismo infinito de tecnología y vida fácil nos damos cuenta que la frase dicha ya para el tiempo de Kant se nos hace irreal. No irreal, improbable, inalcanzable, lejana…

Podemos observar en cada rincón de nuestro mundo moderno cómo la tecnología y las nuevas facilidades nos van consumiendo. Empezamos desde estar todo el día jugando un pequeño juego en el celular, hasta estar todo el día en cualquier red social que nos entretenga quitándonos cerebro, no quitándonos, no dejándonos hacer crecer el nuestro.

¿Cómo podemos quitar la inmadurez de nuestra vida tal como la describe Kant? Para Kant la inmadurez es la incapacidad de usar la propia razón sin que otra persona nos guíe. ¿Qué quiere decir esto? No pensar por nosotros mismos. Estar en un plan de indecisión, no poder decidir qué haremos en un futuro o no poder tomar las decisiones importantes en la vida, incluso crear nuestras propias opiniones acerca temas de actualidad, política, economía, sociedad y leyes hace que nuestra inmadurez sea más notoria para la época ilustrada y el personaje célebre que nos ilumina con cada una de sus palabras.

Para mi tiempo siento una vergüenza enorme a pesar de los grandes avances científicos que tenemos en nuestro ambiente, ambiente filosófico por supuesto y también científico. ¿Avance personal, humano y quizá moral? Creo que esos avances los hemos dejado atrás. Los avances morales no han llegado lejos o ni siquiera han dado un avance en el mundo real. ¿Tenemos más moralidad porque aceptamos el matrimonio homosexual o podemos vivir en paz con diferencias filosóficas, religiosas o simplemente ideológicas? Me parece que no, algunos lo aceptan; otros no. Esto muestra que el avance no es para nada relevante. Tal vez tal como en los años 60 denigraban a los negros, en este siglo les toca a los homosexuales que cada vez tienen un hueco de tolerancia y aceptación en el siglo XXI.

¿Pero por qué no hemos mejorado en nuestra moralidad  cuando en este siglo ya somos capaces de aceptar estilos de vida que hace 100 años te hubieran matado en una cárcel por proteger a la raza humana si eras homosexual? Pues bien, el tema no es acerca de la homosexual. Las bases de nuestra moralidad se vuelven tan falsos y nos hacemos amenos a las teorías de Nietzsche y su odio a la moralidad tradicional, donde muchos sabemos se rompe cada día con más frecuencia. ¿Cómo mantenemos una  moralidad cuando ni siquiera podemos durar un día entero sin mentir? Y a veces, aún peor, ¿sin mentirnos? Al mentirnos lo que hacemos es romper las bases de toda relación espiritual y estabilidad moral de nuestras vidas para esconder alguna verdad.

¿Cuánta dosis de verdad puede soportar un hombre?

-Friedrich Nietzsche.

La razón, aquella que tanto nos cuesta usar está allí esperando que el rayo de luz de la sabiduría inunde tu mente para transformar pensamientos en algo más fuerte que solo una tontería que decimos en el día.

En mi país, nos damos cuenta que la tecnología sinsentido consume a las personas diariamente, pueden pasar fácilmente todo el día en facebook viendo cualquier tontería sin hacer nada realmente productivo por sus vidas, ¿es que acaso estar tan pendiente de las relaciones sociales humanas es tan vital para nuestra existencia? Entiendo que no podemos pensar todo el día sobre los atributos del ser o identificar qué es el ser, el universo y la creación. Sin embargo, me parece que la vida se basa un poco más que en serie de chismes acerca de la vida de otra persona aun así coexista con nosotros, tal vez en el mismo vecindario. ¡Qué felices serían los humanos si las relaciones sociales fueran intelectuales más que meramente superficiales! ¡Qué felices serían si la competencia que se inculca en la niñez no existiera y no se implantara con tanta fuerza en nuestra raíces para hacernos vengativos!

A pesar de que ni siquiera la más ilustre de las mentes sepa qué es la vida o qué podemos realmente hacer con ella (descifrarla, me refiero) puedo suponer y espero tener razón en que está más allá de simple interacción con humanos. Y me atrevo a pensar que el amor es la fuerza más grande existente, sin embargo, la relación con la naturaleza toma vital importancia para poder esclarecer nuestra vida ante retos del amanecer. Si la espiritualidad no es una parte fundamental, conjunto con la relación y la coexistencia pacífica con la naturaleza, ¿qué ha hecho Dios con nosotros y nuestras mentes rebeldes llenas de regocijo ante la ruptura de las reglas divinas?

Sapere aude! Usa tu intelecto, atrévete a usar la razón. ¡Es hora, amigo mío, de salir de la inmadurez!

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