La ruta del cielo

Era una mañana fría cuando empezaba a alistarme para asistir a la salida número 5 por el Ávila. El senderismo formaría parte de este maravilloso domingo, 11 de noviembre de 2012, luego de 2 semanas sin practicarlo o haber hecho algún deporte o esfuerzo físico. La ruta que nos deparaba ese día era un poco dura, empezábamos desde La Julia, y terminaríamos en el Hotel Humboldt pasando por el Mirador del Edén, tomando Las Toyotas para saltarnos Rancho Grande (cosa de la cual me enteré luego de que estuve allí), e ir directo al Pico Goering. Luego de esto, pasaríamos por el cruce de la Fila Maestra y el Pico Naiguatá, tomando por supuesto, la primera opción. Caminar toda la Fila Maestra pasando por el Pico Oriental, La Silla, el Pico Occidental y el Lagunazo para terminar en nuestro último destino, y luego bajar en teleférico. Estos eran nuestro planes, pero como en un viaje tan arriesgado y largo, no todo podía salir perfecto como lo habíamos planeado…

El Recorrido del domingo, en azul.

Había preparado desayuno y mi bolso con algo de comida y mucha agua para la gran ruta del día de hoy, que nuestro guía curiosamente  nombró: “La ruta del cielo”, si lo pensamos detenidamente tiene un buen nombre, además de encajar perfectamente. Todo empezaba a las 6 de la mañana, cuando decidí salir de mi casa e ir a la Estación de Metro de La California para encontrarme con mis compañeros de excursión.

Había llegado un poco tarde, la hora acordada era a las 6:30 y llegué a las 6:50, afortunadamente siempre el tiempo de espera es media hora y los encontré haciendo la cola para el Metrobús. Terminamos yéndonos en camioneta para la entrada de la Montaña y nuestro viaje solo empezaba. Eran las 7:35 a.m. cuando salimos.

El guía explicaba un poco la ruta y nos decía que debíamos comer durante el camino, durante los pequeños descansos que tendríamos para mantener la fuerza, puesto que el camino era fuerte. Salimos entonces y yo me fui a la cabeza junto con el guía en los primeros minutos. La subida era muy fuerte, y mi falta de entrenamiento me costó un poco caro. También había comido en las últimas dos semanas muy mal (comida chatarra y mucho refresco), vaya que la pase mal en las dos primeras paradas. Cuando empecé a subir veía todo precioso, estaba emocionado debido a que llevaba dos semanas sin practicar este fascinante deporte. Quería recuperar un poco de resistencia que seguramente había perdido, y así era, la había perdido. Luego de pasar unos 10 minutos caminando, tal vez menos, empecé a sudar muchísimo, respirar fuerte y tener ataques de tos, tuve que sentarme en varias oportunidades y no dejaba de preguntar qué me pasaba. Un amigo se acercó y me dijo qué me pasaba y me hizo serie de preguntas. Ambos llegamos a la conclusión de que me encontraba de esa forma debido al no practicar nada de deporte en dos semanas y comer tan terrible. La pase fatal durante más de 1 hora, sin embargo, al llegar al P.G.P. La Julia nuestro guía me dio tres caramelos  que me ayudaron un montón. Caramelos normales que reparten en piñatas, con mucha azúcar, me ayudaron mucho mientras iba avanzando, estuve solo en todo el camino desde La Julia hasta el Mirador del Edén puesto que iba en el medio de dos grupos, éramos 10 en total. De los cuales 6 iban adelante, y 4 un poco atrás, a ninguno los oía. Al llegar al Mirador del Edén ya me sentía un poco mejor, sin embargo en mi mente insistía que debía desistir de la excursión y volver a mi casa a mejorarme. No desistí. Seguí a ver hasta dónde llegaba.

Cuando empezamos la ascensión por Dos banderas me sentía un poco mejor, sin embargo no sabía si podía continuar. Me quedé de nuevo en el medio de los grupos, me debía detener en algunos tramos para retomar el aliento, o tomar bastante agua. Seguía con el pensamiento de desistir mientras a mis espaldas se visualizaba la ciudad de Caracas en todo su esplendor, a mi norte podía solo ver el camino empinado que me esperaba para conquistar el Pico Goering.

Cuando ya iba a mitad de camino me senté y dije que no podía más, debía bajar, me iba a desmayar, la cabeza me daba vueltas y ni siquiera iba por un cuarto del recorrido total. Me senté, respiré, tomé agua y por primera vez en mi vida decidí ponerme los audífonos y escuchar un poco de música (normalmente no hago esto, decido conectarme completamente con la naturaleza, escuchar los pájaros cantar, la brisa y en excelentes casos, el agua de las cascadas). Fue cuando entonces al poner la música, me dije a mí mismo: ¿Así es como piensas escalar otras montañas más altas, que necesitan más resistencia, que requieren más esfuerzo? ¿Así es como quieres lograr cada cosa que te propones, dejándolo todo a medio camino o antes solo porque “no resistes”? ¡Vaya vergüenza! Terminé levantando la cabeza y diciéndome a mí mismo repetidas veces: ¡SÍ PUEDO! CLARO QUE PUEDO. En muchas ocasiones solía decirlo en voz alta para tener una alta automotivación, aunque no lo crean, funciona muchísimo. Creer en ti mismo es la clave de muchos retos que vas enfrentando en tu vida.

Un poco antes de llegar al Pico Goering empezó un fuerte dolor en los muslos de las piernas. Era insoportable. Sin embargo, pese a esto decidí seguir. Ya el mareo se me había pasado o quizá seguía, pero lo ignoraba por completo. Me encontré con dos compañeros que me alcanzaron antes de llegar al Goering y me enteré que dos de los diez desistieron. Seguimos el camino hasta encontrarnos con los otros 5 que faltaban. Nos felicitamos entre todos porque a pesar del retraso de algunos (nosotros 3) teníamos un excelente tiempo. 3 horas de recorrido y ya estábamos en el primer pico que debíamos conquistar ese domingo. Algunos comieron, otros reposamos, tomamos fotos y nos pusimos a hablar durante 15 minutos para recuperar fuerzas. En esas discusiones hablamos de la ruta y pregunto por dónde queda la entrada a la Fila Maestra, pues bien, para mi sorpresa, ¡NADIE SABÍA! Ninguno se sabía la ruta, teníamos un mapa, y los letreros e “hitos” nos ayudarían. Seguimos caminando hasta el cruce de la Fila Maestra-Pico Naiguatá. Era lo último que sabíamos del camino, nadie sabía que había a la izquierda de nosotros, muchos habían alcanzado la cima del Naiguatá, pero de los que nos encontrábamos presentes ninguno había cruzado jamás para la Fila Maestra. No nos importó, queríamos seguir, nuestra motivación era más grande que nuestro miedo. Nuestras metas eran más grandes que cualquier cosa, nuestro amor al senderismo crecía cada vez más. Seguimos caminando y nos encontramos con fantásticas formaciones rocosas, con preciosos paisajes desde lo más alto de la montaña.

Llegamos luego de unos minutos a un sitio donde nuestro camino se complicaba, había un hito que señalaba que estábamos en el camino correcto, pero, había una formación rocosa que descendía que nadie estaba seguro de tomar, no se veía como el camino adónde nos dirigíamos. Decidimos explorar y decidir qué hacer, los dos guías fueron a hacer su trabajo explorando diferentes “caminos” mientras los otros 6 del grupo nos dedicamos a revisar mapas en un teléfono y a chequear la brújula de uno de nuestros compañeros, aprovechamos para descansar y comer algo. Duramos 1 hora y media buscando el camino. Luego de explorar, de que la lluvia nos empapara y el frío nos acompañara hasta en la médula descubrimos que el camino sí se encontraba bajando las rocas. Habían señales que así lo indicaban, empezando por el hito hasta una flecha dibujada discretamente en una roca. Cuando los 5 se pusieron en marcha, un guía nos esperó abajo en las rocas mientras yo esperaba a un compañero que se encontraba en otra ruta explorando a ver adónde llevaba. Mientras los 5 se adelantaron nosotros empezamos el descenso por las rocas para unirnos a la famosa Fila Maestra para empezar lo que muchos conocen como “La Travesía”. Aunque sinceramente la empezamos desde que decidimos poner un pie sobre la montaña, en la Julia hace ya más de 5 horas.

La Fila Maestra resultó ser una belleza total de un camino por la cumbre de la montaña, desafortunadamente el clima no quiso que observáramos del lado derecho el mar, y del izquierdo la ciudad de Caracas, estaba todo muy nublado y llovería en cualquier momento. El camino se hizo un poco difícil al encontrar piedras muy lizas con caminos muy estrechos donde, literalmente debías abrazar la roca para sentirte totalmente seguro. Cruzando despacio y con pisadas claves en cada roca para no caer precipitadamente por el barranco que podías ver. Las Rocas se volvían enormes  a nuestro lado y se veían hermosas con un poco de vegetación que le crecía encima. Fueron vistas maravillosas y para ese momento el camino se volvía un poco recto, esto fue hasta que llegamos a una famosa subida que todos temen, la de la Fila Maestra hasta el Pico Oriental, decían que era muy fuerte y no se equivocaban, en esta oportunidad íbamos un poco juntos, sin embargo todos se fueron adelantando. Terminé sentándome en una roca porque no aguantaba la cabeza, me estaba mareando del hambre, saqué el desayuno que había preparado hace más de 7 horas para tener algo en el estómago y recobrar fuerzas. Había estado comiendo chocolates durante el camino y lo único que llevaba en el estómago era una arepa que me había preparado antes de salir conjunto con la que estaba apunto de comer. Compartí la comida con un amigo que estaba junto a mí de último y luego de terminar decidimos caminar inmediatamente. El camino fue largo y trabajoso. Me pregunté un par de veces por qué me gustaba subir a la montaña y pasar trabajo, frío, hambre y un largo etcétera. Solemos hacer chistes cuando llegamos al destino, siempre decimos que en el camino nos preguntamos lo mismo, hallando la respuesta al final. Cuando recorremos todo, cuando alcanzamos nuestras metas, cuando conquistamos nuevos territorios.

Se hacía de noche, eran las 4 de la tarde y tomamos la decisión de ir directo al Humboldt como se tenía planeado en vez de bajar por la Silla a Sabas  Nieves y salir por Altamira. Además de que nos parecía “más sencillo”. Esta fue la última vez que vi a 3 de mis compañeros en todo el viaje.

Empezamos a descender por el Pico Oriental hasta la Silla, seguía haciéndose más tarde y terminamos conquistando la Silla a las 5:30 o un poco más tarde, sinceramente no llevaba el control de la hora. La luz del sol se ocultaba y la oscuridad de la noche se acercaba. Afortunadamente tenía una linterna, al igual que mi compañero. No la usamos hasta que llegamos al Lagunazo. Proseguimos con el camino temiendo que se hiciera de noche y cerraran el teleférico y no pudiéramos bajar a la ciudad a dormir en nuestras casas, secarnos, bañarnos, comer y relajarnos un poco. Había llovido ya 3 veces y estábamos empapados, no sentíamos frío debido a que seguíamos moviéndonos. En el camino, al empezar a usar nuestras linternas nos encontramos con 1 compañero, se nos unió, entonces éramos 3 que debíamos caminar despacio para no resbalar y causarnos heridas.

Al continuar en el tramo Occidental-Lagunazo nos encontramos con dos compañeros más, uno que había temido perderse (puesto que nadie tenía linterna, solo 3 personas, dos guías y yo) y se quedó en el mismo sitio esperando por alguno de nosotros para no ir solo y el otro que decidió acompañarlo. Éramos entonces 5 caminando, faltaban 3 que nunca aparecieron durante todo el tramo hasta el Humboldt. Se hacía más tarde y la vista desde ese punto era posible debido a que no había ninguna nube encima de nosotros, debajo para observar la ciudad de Caracas sí, afortunadamente ahora sí veíamos el Estado Vargas y el mar lleno de lucecitas que eran de barcos, además del cielo con algunos aviones. Durante el tramo un compañero decidió irse por su cuenta debido a que la linterna “le encandilaba”. Pues así fue, siguió derecho y en poco tiempo había desaparecido, iba un poco rápido. Al llegar al Lagunazo empezaron los problemas…

Se hacía cada vez más tarde y ya llevábamos 12 horas caminando en la montaña.

El temor de no poder bajar a la ciudad incrementaba, nada podíamos hacer, debíamos caminar lentamente, con mucho cuidado por la cantidad de piedras debido a que era una bajada difícil. No teníamos agua, no teníamos comida y éramos ahora solo 4 personas, de las 10 que estábamos en la excursión (recuerdo que dos desistieron al principio). Empezábamos a hacer chistes sobre películas de terror que normalmente decíamos: “Bah, no da miedo”. Decíamos que en cualquier momento se haría realidad, reíamos y era todo muy agradable, a pesar del temor en el ambiente de no poder bajar a la ciudad.

Cuando llegamos a la toma de agua del Lagunazo escuchamos nuestra seña, escuchamos a un compañero… ¡resultaba ser el que se separó hace un rato! Los escuchábamos alto, a nuestro lado, no tenía ningún sentido. Debía estar adelante de nosotros, ¡no detrás y menos en una parte alta! Dedujimos entonces rápidamente que se había perdido, que había seguido el camino en vez de solo bajar para ir al Lagunazo y luego al Humboldt, el camino que había seguido ya no lo usaban y se había tapado por las plantas. Empezaba ahora la preocupación por alguien que se encontraba detrás de nosotros. Decidimos llamar a su celular pero no contestó, luego se quedó sin señal.

Había que tomar una decisión, ¿qué haríamos? ¿Regresaríamos por él, iríamos hasta el Humboldt e informar de la situación? ¿Alguien se atrevería a ir solo a buscarlo? ¿Esperaríamos? ¿Qué?

Decidimos esperar, un poco más adelante para poder sentarnos en las frías piedras. No apareció en 10 minutos, decidimos seguir adelante e informar para que pudieran auxiliarlo. Temíamos por su suerte, pero también confiábamos en que se quedara en un solo sitio y no sucumbiera a la desesperación que era normal en estos casos. Decidimos confiar y caminar, seguimos el difícil camino que nos tomó dos horas hasta Humboldt. Nos golpeamos las rodillas, nos llenamos de barro, nos mojamos los zapatos, las medias, los monos, nos llenamos de tierra las manos, las caras, todo. Cuando llegamos al Humboldt era aproximadamente las 9:40 p.m., fueron en total 14 horas caminando en la montaña. ¡Habíamos logrado nuestro cometido! Ahora solo faltaba encontrar a nuestro amigo extraviado y saber de los otros 3. No llegamos a tiempo para el teleférico y era tiempo de tomar otra decisión. Éramos 4 personas, de las 8.

Duramos un rato en las instalaciones de “Ávila Mágica” tratando de calentarnos, el frío era tremendo. No había comida, no había agua, no había nadie. Luego de tal vez 45 minutos aparecieron militares, dos militares que custodiaban las instalaciones. Nos dijeron que no podíamos estar allí, que debíamos retirarnos hacia Galipan (un pueblo a unos 15 minutos de bajada desde donde nos encontrábamos). Estaba de malhumor, ¡no podía creer que nos tiraran así sin ofrecernos ayuda! Alguna solución, ¡nada! Solo nos dijeron que fuéramos a la intemperie.

Seguimos hablando e informamos de toda nuestra situación, nos informaron que dos personas habían bajado y habían informado que 5 excursionistas más llegarían, ¡faltaba uno! Estábamos todos, menos uno. Los 4 en el teleférico, el que estaba perdido, dos que habían bajado y uno sin información, nadie sabía nada de él.

Luego de charlas, llamadas a familiares, lo único que podíamos hacer era quedarnos a dormir allá arriba si ellos lo permitían, de otra forma debíamos bajar al pueblo de Galipan a ver dónde nos podíamos acomodar. Terminaron accediendo a que nos quedáramos mientras esperábamos por Bomberos Forestales para ayudar al compañero que se había perdido. Luego de unas horas, nos dieron cojines, unas cobijas y unas pocas galletas para amortiguar. Nos acomodaron en lo alto del teleférico donde no entraba el viento y había una alfombra que apestaba. No hacía tanto frío, excepto por nuestra ropa mojada. Temblábamos del frío. Estábamos nerviosos por nuestro compañero.

Alguien se ofreció a buscarnos, un excursionista que estaba con nosotros, luego de otras llamadas donde supuestamente una patrulla de policía nos buscaría decidimos decirle que se quedara tranquilo y en su casa. La patrulla afortunadamente jamás apareció. A las 12 de la noche apareció Bomberos Forestales dispuesto a buscar solo “hasta el Lagunazo” por el compañero que se había extraviado. En esta ocasión, los funcionarios de la GN nos acomodaron en un cuarto dentro de su comando donde habían unos cuantos colchones sin sábanas, almohadas y alguna cobija para cubrirse. Decidimos esperar ahí mientras aparecía nuestro otro compañero o nos dormíamos, lo que sucediera primero. Mientras el frío nos pegaba fuerte y el hambre no dejaba de hacer presión nos quedamos dormidos, eran las 3 de la mañana entonces cuando llegó nuestro compañero, ¡había aparecido!

El nerviosismo en cuanto a él había terminado, se encontraba bien. Nos contó cómo se las arregló para no sufrir una hipotermia por el frío tan tremendo que hacía en la intemperie, en la Montaña. Afortunadamente quedó al lado de un sitio donde se acampa, encontró unas bolsas de basura y sin importar nada, decidió revisarlas, encontró unas cuantas bolsas y se arropó con ellas, esperando que lo buscaran o que amaneciera para poder encontrar el camino, lo que sucediera primero. Confesó que varias veces estuvo apunto de sucumbir a la desesperación puesto que veía el Humboldt, lo notaba cerca pero se le hacía lejos. Todo perfecto para desesperar sin control y solo correr. Afortunadamente, no lo hizo. Se quedó en el mismo sitio y decidió esperar.

Nuestra noche estaba apunto de terminar, debíamos despertarnos a las 5:30 para prepararnos para descender a la ciudad por el Teleférico. Dormimos unos cuantos minutos con frío, pies congelados y ropa mojada, con hambre y un poco de incomodidad, sin embargo,  dormimos en un colchón que para nada teníamos planeado, ni en planes posibles. Todo había salido bien.

A la mañana siguiente descendimos y nos encontramos con dos familias de los 5 que nos encontrábamos, nos recibieron con abrazos y lágrimas de preocupación. La cálida bienvenida que muchos necesitábamos. Luego de llegar a mi casa me bañé, comí algo y me dirigí a dormir, no pasó más de 1 minuto cuando ya había sucumbido al mundo de los sueños sin retorno. Éramos 7, faltaba 1.

En la tarde de hoy recibí un correo de esa persona que faltaba, ¡explicaba lo que había pasado! Se cayó en el camino, se lastimó la rodilla, llegó solo  al Humboldt, Entró en desesperación y decidió bajar caminando por la ruta de San Bernardino llegando ileso a su casa a la 1:30 a.m., con cansancio y hambre.  Todo salió perfecto.

Me gustaría terminar este relato diciéndoles que fue una experiencia maravillosa, que yo, ¡repetiría!

Dejaré un poema que me pasaron una vez, para aquellos que le tienen miedo a las Aventuras, ¡la vida misma es una aventura! Disfruta cada momento, cada segundo como el último y no te arrepientas, ¡todo es maravilloso!

Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.
Pero ya ven, tengo 85 años…
y sé que me estoy muriendo.
¡Hasta la próxima!
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8 comments

  1. Te inspiraste! xD. Fuera de broma, fue una excelente salida, concuerdo en que deberíamos repetirla, de hecho se me ocurre mas bien salir desde Pto. Azul para pasar por el Naiguatá, sería cuestión de planificar.

    Nos vemos!!

    PS: espero la historia del trekking de Mérida :).

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  2. Hey Robinson! Ahora casi dos años después, leo lo que escribiste de esa salida en que se perdió el señor jaja, excelente que lo hayas registrado!! =) Esa creo que fue la única salida a la que no fui ese trimestre. Mucha suerte. A mí me gustan las aventuras, pero mientras las estamos viviendo no parecen tan divertidas como después. La siguiente salida también terminamos bajando a las 11 de la noche, aunque eso fue mucho más relajado que lo anterior. Un saludo!!

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  3. yo hice esa ruta solo pero lo hice alrreves, fue hace como 15 años y el teleferico no funcionaba, comence subiendo por cotiza a las 5 pm, llegue a lagunazo como a las 10pm luego de pernotar, emprendi la ruta donde pase por occidental, puerta de hercules y pico oriental, llegue a las 12, luego comence la ruta por fila maesta y llegue a las 5pm a la pradera, lo que hicieron fue una locura yo lo hice por que tenia mucha experiencia y muy buenas condiciones .-

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  4. Cuando planifique esa ruta no la conocía en absoluto, me oriente por el mapa, cuando llegue al humbolt luego que un guardaparques me diera la cola en un jeep los GN me preguntaron que hacia por ahí solo, pues en esa época del año 2000 aproximadamente a esa hora como a las 6.30 pm no habian turistas en la zona, como notaron que estaba muy bien equipado y les dije que en lagunazo me esperaban unos compañeros, lo cual era mentira decidieron dejarme continuar la ruta, llegue a Lagunazo como a las 12 de la noche, cene y pernocte en el lugar, Al dia siguiente me prepare un buen desayuno y comencé la ruta, no conocía pico occidental sin embargo orientándome por el mapa pude llegar sin problemas a pesar de ser una ruta muy boscosa, continué hasta llegar a la pica de puerta de hércules, ya se por que la llaman así es una pica super fuerte, posteriormente luego de llegar a pico oriental me paso como a ustedes no conocía la entrada hacia la fila, preguntando pude llegar, recuerdo que a la ultima persona que le pregunte me se murió de la risa por que me pregunto que cuantos eramos yo le dije que era yo solo, pero como insistí me dijo que tenia un espíritu de aventurero y por eso me indico la entrada, no había almorzado pero tenia mucha ración de marcha eso me dio energía, claro realmente no sabia lo que me esperaba, era un dia muy cálido sin una nube en el cielo hacia mucho calor, la ruta es super engañosa cuando crees que estas a punto de llegar en realidad no vas ni por la cuarta parte, pasaron 3 hora y ya estaba cansado casi no tenia agua de verdad pensé que no llegaría, cuando me encontraba con una loma pensé que del otro lado estaría la meta pero nada ya cuando la ruta comenzó a hacerse boscosa me di cuenta que si estaba llegando, luego de hora y media mas de recorrido me encontré con una loma esperando que fuera la ultima y así fue ¡llegue! no sabia muy bien donde estaba luego verifique bien la zona y era la pradera como a 3 horas de pico Naiguatá, eran ya las 5pm pernocte y al dia siguiente subí al pico, me sentía como un héroe de verdad es muy satisfactorio lograr un reto como este no todo el mundo lo hace, de verdad los felicito por esa locura, actualmente tengo 40 años y repetiria ese reto con gusto .-

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    1. Wou.

      Pero esta es otra clase de aventura. Yo creo en ese momento no hubiera podido ir solo. Hoy sí. Pero para ese entonces wou, creo que me hubiera dado mucho miedo, más acampar solo y demás Jajaja. ¡Felicitaciones!

      Cuando vuelva a Caracas quiero hacerlo de nuevo, esa ruta me encanta, es mi favorita del Ávila. ¿Sigue haciendo montaña?

      Gracias por haber leído nuestra historia.

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