Bloggear desde el castigo

Existen esos momentos donde bloggear es por interés, otros por opinar, por compartir y por último: esos momentos donde no se hace nada. Estoy aquí, sentado en la silla de espera de un régimen de disciplina donde me han amonestado por nada, por traer el uniforme indebido, excelente. Me han dicho que existen normas muy claras donde se especifica el uniforme debido a usar, un reglamento. A lo que puedo responder: supongo entonces que en ese reglamento también nos comparten la maravillosa idea de controlar el clima, ¿no? Es mi culpa que no parara de llover y el pantalón no se secara, pues dígame usted, ¿dónde hallo tal truco? La corresponsal, irritada afirma que antes de eso exclamé que “todos hacen lo que quieren y solo me regañan a mí”. Claramente, no dije eso. Lo que expresé fue lo siguiente: “aquí vienen con este uniforme malpuesto a diario, no dicen nada, no es mi culpa que una lluvia arruinara el trabajo de lavar en una noche calurosa, lo siento”. Por supuesto, como no soy más que otro estudiante impartido en el colegio ni les importa, tenemos tan poca autoridad, todas nuestras palabras las toman como groserías, y las que no a juro deben de ser halagos, así está el mundo. Algo me da una risa tremenda, a cada rato, a toda hora, en cualquier momento nos imparten la idea de que debemos compartir ideas y debatir opiniones, es humano errar y debemos respetar, excelente. Dicen que deben ser muy justos con la disciplina para que no se vuelvan a repetir este tipo de actos, dolencias, supongo. Ahora, ¿para qué me dicen que errar es humano si cuando me pasa me castigan? Una primera vez, dirían por ahí pues bien, se perdona, a la segunda ya quizá se avecine una sanción. No dejo de estar molesto, por culpa de que no me dejaran pasar, y sí, quizá de mi responsabilidad porque debí prever la lluvia estoy perdiendo evaluaciones, nada bueno, quizá no me las repitan luego, pero a ellos ni les importa, ¿cierto? Estos últimos días me he dado cuenta que debo ser más responsable, pero se nota que la frase es muy cierta: “haz 999,999 cosas buenas, pero haz una sola mala y esas 999,999 ni existen”, así está el mundo. Lo que pasará ahora es que trataré de ser más responsable, pero sigo firme con mi opinión de que no era para tanto cuando es la primera vez que pasa.

Hasta luego.

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